Consejos para viajar a Marruecos (Parte 1)

Escrita por: Nadia

Normalmente, siempre leemos guías y blogs sobre los sitios a los que vamos a viajar para no perdernos nada, pero, en este caso, la investigación fue más extensa de lo normal, pues era la primera vez que viajábamos a un país de África y queríamos saber qué nos íbamos a encontrar.

La verdad es que nos encontramos opiniones un poco cruzadas sobre las experiencias de los viajeros en Marruecos. Unos blogs decían que les había encantado, pero otros decían que era un sitio muy peligroso, que los vendedores prácticamente te asaltan por la calle, que no te dejan ir hasta que consiguen venderte algo, que hay bandas organizadas que te meten por laberintos en las medinas de las ciudades y te atracan… Ah, y que si eres mujer, prepárate porque vas a ser el blanco de insultos y tocamientos.

¡TONTERÍAS!

Aquí os dejamos nuestra experiencia 100 % sincera, con lo bueno y con lo malo para que juzguéis vosotros mismos. Partiremos la entrada en dos porque es muy larga. En esta primera entrega os hablamos de los vendedores, el regateo, la forma de vestir, la delincuencia, el roaming y las propinas. En la segunda entrega os hablamos del cambio de divisas, del alojamiento, del idioma, de las excursiones y de la diarrea del viajero.


VENDEDORES:
Si te das una vuelta por el zoco o las plazas de ciudades como Marrakech, es probable que tu vista se vaya a los cientos de puestecitos y tiendas que hay por la calle. Babuchas de mil colores, bolsos de cuero de todos los tamaños, lámparas mágicas, alfombras, artesanía, comida, especias, fruta, zumos… Todo lo que te puedas imaginar. Pasearte por las calles es una explosión para los sentidos: olores, colores, sabores, sonidos vibrantes…

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El primer día, los dos íbamos alucinando. Hasta tal punto, que me costó muchísimo dormirme esa noche porque mi cerebro estaba sobrestimulado del paseo por la plaza Yamaa el Fna de Marrakech.

Si bien es cierto que los vendedores te hablan al pasar para ofrecerte cosas, el agobio no es mayor que el que puedes sentir en una noche de fiesta en España cuando los relaciones públicas de las discotecas te dan flyers por la calle.

Si un vendedor te ofrece algo pero no te interesa, dile «no, gracias» con determinación y listo. Si te sigue insistiendo, simplemente ignora su oferta y sigue adelante. Solamente inicia una negociación si realmente estás interesado en el producto.

En las plazas principales también suele haber puestos de comida en plan chiringuito, con banquitos y todo para cenar. Alrededor de cada puesto, se sitúan varios relaciones públicas cuyo trabajo consiste en captar clientes, igual que los de Europa.

Cuando pases por delante, te hablarán muy amistosamente para enseñarte el menú. Casi todos tienen lo mismo y el precio es muy parecido. Si no te interesa, de nuevo, diles «no, gracias» y listo. Ellos te intentarán hacer prometer que vas a ir otro día. Muchos turistas dicen «sí, sí, otro día» o «luego vengo» para quitárselo de delante. Error. Para ellos, la palabra de honor vale mucho y se acuerdan perfectamente de ti y de la promesa. Si no tienes intención de ir luego u otro día, ¡no lo prometas!

Las chicas de los tatus de henna puede que te intenten hacer una muestra supuestamente gratuita. No piques, en cuanto tengas la henna sobre tu mano te querrán cobrar. Pero esto ocurre también en países europeos, no te creas. Recuerdo que en Roma los vendedores de rosas me decían que me regalaban una flor y luego le pedían la pasta a Rodri, y no pasta de la que se come, precisamente.

Todo esto sirve en ciudades grandes, porque en pueblecitos pequeños la cosa cambia. En lugares como Esauira (costa Atlántica) o en las zonas de las montañas del Atlas el ambiente es mucho más relajado y los vendedores apenas interactuan contigo a no ser que les hables tú a ellos.

Sinceramente, a nosotros en ningún momento nos molestó el ambiente en las plazas ni los vendedores. Son bastante amables y siempre te hablan con una sonrisa en la cara, cosa que se agradece.

Si sigues unas normas básicas de educación no tendrás problema.

REGATEO
El regateo es una parte muy importante de la cultura y de las ventas en Marruecos. Los vendedores esperan que regatees por absolutamente cualquier cosa que vayas a comprar, desde unas gafas de sol hasta un mueble. Hablamos de objetos materiales en este caso, no en restaurantes o  puestos de comida.

Al principio, es muy divertido y cuesta cogerle el truco, porque ellos tienen mucha experiencia y sientes que podrías haberlo sacado más barato. Luego, vas aprendiendo tú también y te sientes poderoso por haber conseguido un pañuelo bereber por 60 dirhams (unos 6 euros).

Cuando ya llevas varios días y varias compras, puede darte pereza comprar por el simple hecho de que vas a tener que regatear. Si no te apetece regatear, cuando el vendedor te diga el precio, ofrécele poco menos de su cifra y así alcanzaréis el precio final más rápido, pues hay poco margen para el regateo.

 

FORMA DE VESTIR
Siendo occidental, te puedes vestir como quieras, seas hombre o mujer. Nos hemos cruzado con turistas vestidos de todas las formas posibles: pantalones largos, cortos, vestidos, minifaldas, camisetas de tirantes, manga larga… No hay una ley que te diga cómo vestirte ni prendas prohibidas, excepto en algunos edificios en concreto, como en Europa.

Sin embargo, si eres mujer y vas con shorts o minifalda, puede que te miren más de la cuenta. Es raro que te insulten, sobre todo en ciudades turísticas, pues están acostumbrados, pero bueno, si prefieres prevenir que curar, lo mejor es ponerte unos bombachos de estos hippies que son anchos y muy finitos, ideal para ir fresquita y cómoda en verano. Si tienes el problema de que tus muslos se rozan y te hace herida (los bombachos suelen tener tiro bajo, así que las piernas se tocan) puedes ponerte bajo los bombachos unas Bandelettes, mano de santo. Ahora las puedes conseguir por cualquier lado, en mercerías o grandes superficies. Te recomiendo las originales, marca Bandelette, pues hay chicas que las han usado de marca blanca y ha sido peor el remedio que la enfermedad.

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Para la parte de arriba, una camiseta de manga corta funcionaría sin problema. Se supone que no es muy decoroso enseñar los hombros, pero eso como que les da un poco más igual ya. Yo usé manga corta y tirantes indistintamente y sin problema.

Si te vas al desierto (hay excursiones al Sahara, en la parte de Merzouga), y sobre todo, si vas en verano, por supervivencia, usa pantalón largo y cúbrete la cabeza y los hombros para no quemarte con el sol. Casi todo el mundo se cubre la cabeza con un pañuelo enrollado al estilo bereber.

 

 

Para los pies, en las ciudades puedes ir sin problema con calzado de verano, pero en el desierto, ni sandalias ni chanclas son tus amigas. Usa zapatilla de deporte o calzado de montaña.

 

¿BANDAS ORGANIZADAS?
Bueno, más que bandas organizadas, oportunistas inofensivos. Sí que es cierto que, en ocasiones, hay quien se aprovecha de turistas perdidos y los guía (correctamente) para luego pedirles una propinita. También nos han contado que hay otros que te hacen perderte más de lo que ya estás y te llevan a un callejón sin salida para atracarte. Vale, os cuento nuestra experiencia:

Fuimos a visitar un pueblo abandonado llamado Ait Ben Hadu, en la provincia de Uarzazate. Es patrimonio de la UNESCO y ahí se rodaron películas como Gladiator o Laurence de Arabia. Muy recomendable.

El caso es que está rodeado por un río pero en verano está seco, así que puedes bajar para ver la ciudad desde otro ángulo. Nosotros bajamos guiados por unos carteles que decían que era la entrada principal, sacamos fotos y cuando quisimos entrar, no sabíamos bien por dónde era. Un niño estratégicamente colocado nos señaló la dirección y ahí fuimos.

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El niño nos seguía y yo iba con la mosca detrás de la oreja porque éramos los únicos turistas que iban por ahí. Al final, el niño nos indicó que entrásemos a la muralla por un lateral y salió un anciano diciendo que la entrada eran 10 dirhams (1 €) y nos enseñó unos  tickets perfectamente impresos a modo de entrada, parecía oficial y todo. Rodri dudó, pero yo, que ya llevaba un rato mosca, le dije que muchas gracias y me di la vuelta. Rodri me siguió por inercia y el señor se cagó un poco en nosotros. La picaresca no es nada nuevo para mí y era obvio que nos querían timar un poquito, pues la entrada era completamente gratuita. Al final, encontramos la entrada principal solitos.

Esa fue la única vez que nos pidieron dinero por guiarnos, pues luego nos movimos por pueblecitos y por Marrakech y su medina a pie sin ningún tipo de problema.

Simplemente, usa un buen mapa, a ser posible digital y sigue las hordas de turistas, pues es muy probable que todos  vayáis al mismo sitio. Eso fue lo que hicimos nosotros y a pesar de las calles laberínticas de la medina, no nos perdimos y lo encontramos todo a la primera. Un consejo: el mapa de TripAdvisor va mejor que Google Maps, pues marca cada callejón y cada rinconcito, cosa que Google Maps no hace.

ROAMING EN MARRUECOS
Marruecos es zona 2 de roaming, así que te costará una pasta usar datos móviles en el país. Sin embargo, hay una solución genial para este problema:

Las compañías telefónicas regalan (sí, sí, REGALAN) tarjetas SIM prepago marroquíes. Tú las puedes cargar con saldo para llamadas, SMS o 3G sin problema. Por ejemplo, 2GB de datos te dan perfectamente para una semana y te cuesta 2 €. Nosotros lo que hicimos fue coger una de 2GB y usarla los dos (la instalé en mi teléfono y le compartía los datos a Rodri).

Estas tarjetas SIM las puedes conseguir de forma gratuita en los aeropuertos. Nosotros volamos a Marrakech y nos encontramos a las chicas que las reparten justo a la salida del control de pasaportes. Elegimos la de la compañía Maroc Telecom porque tienen mejor cobertura. Las tarjetas no te las cargan las chicas que las reparten, sino que las cargas en kioscos o en las propias tiendas de telefonía. En el mismo aeropuerto puedes hacerlo: en la zona de los mostradores del check-in hay un kiosco y una tienda de Maroc Telecom. La tienda la encontramos cerrada, pues aterrizamos sobre las 20:30, pero el kiosco estaba abierto y nos hizo la recarga sin problema. Están pared con pared.

PROPINAS
Cualquier persona que te preste un servicio, trabaje para ti o te ayude esperará una propina. La mayoría no te la pedirá expresamente, pero la esperan, créeme. Desde el recepcionista del hotel/riad cuando te vayas hasta el camarero o el conductor de tu excursión.

¿Y cuánto les doy? Pues nosotros, el primer día, al hombre que nos ayudó con el equipaje en la riad le dimos 20 dírhams (2 €). Sospechamos que nos habíamos pasado porque casi nos hace un monumento allí mismo. Luego, aprendimos que una propina normal serían entre 4 y 8 dírhams (entre 40 y 80 céntimos de euro).

Sin embargo, depende del servicio que te hayan prestado, claro. El encargado de nuestra riad se levantó tres días seguidos una hora antes para prepararnos el desayuno a tiempo para nuestras excursiones, así que le dejamos una propina de 60 dírhams (6 €). Al conductor de nuestra excursión al Sahara le dejamos 100 dírhams (10 €) porque el tío se portó genial con nosotros e hicimos amistad en los tres días que estuvimos con él. A los camareros les dejábamos 5 dírhams (50 céntimos de euro).

Como ves, depende un poco del servicio, del trato y claro, de la pasta que tengas suelta, porque no te creas que es fácil tener suelto para las propinas.

Y hasta aquí la primera parte de la serie de consejos para viajar a Marruecos. Si quieres saber nuestras recomendaciones sobre el cambio de divisas, el alojamiento, el idioma, las excursiones o la diarrea del viajero, no te pierdas la segunda parte de la entrada. La puedes leer aquí.

¿Tienes algún otro consejito? Escríbelo en los comentarios. Y no te pierdas el resto de entradas para seguir nuestras aventuras.

Que el espíritu del viajero te acompañe.

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