Oceanía

Diario de viaje: Polinesia, volcanes y tiburones

Aquí había otra introducción, pero la he borrado. Esto lo estoy redactando justo tras acabar de escribir este diario porque tengo tantos sentimientos y he derramado tantas lágrimas de felicidad al recordar este viaje… Era un sueño para nosotros, el destino más deseado y más perseguido. Esa utopía que parece que nunca llega, pero que un día se alinearon los astros y llegó. Y la disfrutamos como en nuestros sueños. En este diario van todos esos sentimientos, toda esa felicidad y todos esos recuerdos. Espero que disfrutes tanto leyéndolo como yo escribiéndolo y que puedas viajar al paraíso a través de mis palabras. Y recuerda que también tenemos otro artículo con consejos prácticos para viajar a Polinesia. Puedes leerlo pulsando aquí. Ia ora na!

DÍA 0: VUELO INFINITO

Después de pasar una noche en París, embarcamos en el viaje más largo que habíamos hecho en nuestras vidas. Nos esperan unas 20 horas de vuelo con tan solo una escala. Nuestro itinerario es París-San Francisco-Tahití. Volamos con la compañía French Bee, que podría considerarse de low cost. La verdad, el precio está genial en comparación con otras compañías.

El primer trayecto transcurrió sin incidentes. Fueron casi 11 horas en las que nos dio tiempo a ver un montón de pelis, dormir, comer, dormir otra vez, ver más pelis… Pero por fin, llegamos a San Francisco. Teníamos una escala de 2 horas y media y lo que no nos esperábamos era el follón que había en el aeropuerto.

Cola kilométrica para pasar aduanas, cola kilométrica para acceder a la puerta de embarque… Corre para aquí, corre para allá, necesitas una tarjeta naranja para embarcar… Suerte que lo reservamos todo con la misma compañía y era un vuelo de conexión, porque si no, lo habríamos perdido. Pero, en este caso, como éramos pasajeros en tránsito, nos esperaron. A todos, porque estaba medio avión atascado en las colas de los controles. Por fin embarcamos de nuevo en el avión, ya con destino definitivo Tahití.

Otro sueñecito, otra peli, comida, peli, sueñecito ¡Y llegamos a Tahití!

DÍA 1: LLEGADA A TAHITÍ

Polinesia está a 12 horas menos de diferencia horaria con España. Aterrizamos a las 5:00 hora local, es decir, a nuestras 17:00. El aeropuerto de Tahití es pequeñito, más pequeñito que el de Asturias incluso. El tejado está hecho de la paja típica y nada más bajar, notas que el aroma de la flor de tiaré lo impregna todo. El aire es cálido y suave. Empezamos a escuchar música de ukelele y voces cantando en polinesio una canción típica. Y es que a la llegada de cada vuelo internacional te recibe un grupo de música en la cola de aduanas. Nada que ver con lo visto en San Francisco.

La cola fue rápida, éramos pocos en el vuelo, así que recogimos las maletas y salimos sin problema. Había mucha gente esperando a otros pasajeros con collares de flores, que es la tradición, pero nosotros habíamos decidido llegar al alojamiento por nuestra cuenta, que sale más barato cogerte un taxi que el transfer que ofrecen.

Antes de coger el taxi, cambiamos dinero en la oficina de cambio del aeropuerto, que abre 3 horas antes de cada vuelo internacional y tiene la tasa de cambio oficial. También compramos unas tarjetas SIM locales de Vodafone.

Los taxis están aparcados justo a la salida del aeropuerto, fue fácil encontrarlos. Nuestra taxista iba ataviada con el pareo tradicional y con la flor de tiaré en el pelo. Le dimos la dirección de nuestro Airbnb y nos llevó sin problema.

Aún no me podía creer que estábamos allí de verdad. Estaba como en una nebulosa, no sé si por el sueño o la felicidad. Estaba amaneciendo y la silueta de la isla era ya imponente.

Llegamos al alojamiento, un Airbnb en Papeete, la capital de Tahití. Estaba a un kilómetro del centro y era una especie de resort con piscina y varias habitaciones, pero a escala familiar. Lo llevaba una pareja francesa de mediana edad muy amables y cercanos.

Nuestra habitación estaba lista según llegamos, así que dejamos las cosas y descansamos un rato, que vaya viajecito. El primer día lo planteamos como relax para adaptarnos al jet lag. Compramos cosillas en el súper para cocinar esos días en Tahití y nos relajamos en el alojamiento.

DÍA 2: CONOCEMOS PAPEETE, LA CAPITAL DE TAHITÍ

Después de un rico desayuno casero y de estilo bufé en el alojamiento, nos pusimos en marcha para conocer la capital de Tahití. Caminamos el kilómetro que nos separaba del centro y nos dirigimos a nuestra primera parada: el mercado tradicional de Papeete. Está dentro de un edificio y ocupa dos plantas. Es como cualquier mercado del mundo, lleno de puestecitos, de color y de vida. Puedes comprar de todo: frutas, pescados, cosméticos, pareos, aceite de monoï tradicional… ¡y perlas negras! Hay muchos puestos de joyería de perlas negras.

Te recomendamos que compres aquí tus souvenirs para amigos y familia, salen mejor de precio que en cualquier otro sitio e isla. Nosotros nos llevamos unas pulseras de perlas negras y aceite de monoï.

Luego, visitamos los parques de la ciudad, que están muy cuidados y tienen todo tipo de servicios, desde baños hasta mesas y casetas que puedes alquilar para hacer una merendola o lo que sea. Muchas zonas verdes que la gente aprovecha para echar la siesta, zonas de juego… La verdad, unos parques preciosos.

Nos sentamos un ratito en una caseta a la sombra para disfrutar de las vistas que la costa ofrecía. A lo lejos, veíamos Moorea, la siguiente isla que visitaríamos en unos días.

También visitamos la catedral de Papeete y comimos en una hamburguesería, que era lo único que encontramos abierto a esas horas.

Como broche final, visitamos el museo de la perla negra de Alex Wang. Toda una oda a esta joya tan importante en la cultura de polinesia. Tienen una tiendecita de “souvenirs” en la que el producto más barato cuesta unos 5000€…

Volvimos al alojamiento, hicimos la cena y a dormir, ¡que al día siguiente teníamos una actividad muy guay!

DÍA 3: EXPLORAMOS LOS VOLCANES DE TAHITÍ EN 4X4

Después de desayunar rico, rico en nuestro alojamiento, fuimos al punto donde habíamos quedado para que nos recogiera el 4×4. Cuando llegó, nos montamos en la parte de atrás descubierta con una chica de nuestra edad americana y una pareja mayor de franceses. Nada más verlos, supimos que habría buen rollo. No nos habíamos acabado de sentar y ya nos estaban preguntando de dónde éramos, nuestros nombres y presentándose.

Lo gracioso es que la chica americana solo hablaba inglés, la pareja francesa solo hablaba francés, yo hablo francés e inglés y Rodri solo habla inglés… Así que yo era la única que podía entender a todo el mundo. Sin embargo, al final del viaje, todos acabaron hablando con todos como podían. Lo dicho, si hay intención de comunicarse y buen rollo, se puede.

Después de las presentaciones, iniciamos el viaje hacia el interior de la isla. Dejamos la costa atrás y nos adentramos en la parte más salvaje de Tahití: el cráter de su volcán. Tahití es la isla más joven de Polinesia, por eso es la más grande. Al ser islas volcánicas, surgen de la explosión y con el paso de los años, se van hundiendo poco a poco, centímetro a centímetro. Por eso la mayoría de estas islas no tienen montañas altas o son directamente atolones. En cambio, Tahití luce un escarpado relieve muy característico y una vegetación exuberante.

En las distintas paradas que fuimos haciendo, vimos cascadas (¡muchas!), flores de todo tipo, orquídeas salvajes, lagos, cruzamos ríos, nos bañamos en una poza… Un verdadero paraíso que recuerda mucho a Hawaii. También el clima es distinto de la cosa: mucha más humedad, olor a vegetación fresca y lluvias ocasionales. ¡Hasta vimos el arcoíris sobre el volcán!

Llegamos a estar dentro del enorme cráter del volcán que originó Tahití, que es impresionante. El volcán actualmente ya no está activo, así que no conlleva peligro. Sin embargo, tened en cuenta que las carreteras por las que pasamos son MUY empinadas y tienen MUCHOS baches. Si tienes problemas de espalda o cuello, no sé si es lo más indicado. De hecho, yo me caí (pero no me hice daño) encima de la chica americana porque pillamos un bache grande.

A pesar de esto, merece infinitamente la pena. Lo que vimos nos dejó impactados, tanta belleza, tanta naturaleza exuberante y magnífica… Sin duda, lo más bonito de todo Tahití y por lo que merece la pena quedarse un día extra en esta isla, que suele ser solo de paso para los viajeros que se van a zonas más turísticas. De verdad, vale la pena.

Lo único que no nos gustó fue donde nos llevaron a comer. Un restaurante en medio de la nada donde paran todas las excursiones. El trato fue bastante malo, estuvimos literalmente hora y media esperando para que nos atendiesen y al final nos sirvieron un menú de arroz blanco aplastuchado y unas espinacas hervidas… Fatal.

Después de un día increíble recorriendo volcanes y viendo las maravillas naturales de Tahití, volvimos al alojamiento para cenar y acostarnos. ¡Al día siguiente cambiábamos de isla! Siguiente parada. Moorea.

DÍA 4: LLEGADA A MOOREA

Cogimos el ferry Aremiti 6 sobre las 10:00 de la mañana. Tardaba escasos 30 minutos en cubrir los pocos kilómetros que separan estas dos islas y en el trayecto pudimos ver delfines jugueteando con las olas que levantaba el barco. Todo un preludio de lo que nos esperaba.

En el muelle, nos fue a recoger la chica de nuestro Airbnb y antes de llevarnos a nuestro alojamiento, nos hizo una pequeña ruta en coche por la costa y nos llevó a un mirador espectacular donde por primera vez nos dimos cuenta de la belleza real de esta región tan remota del mundo. Desde lo alto de una colina pudimos apreciar el mar más bonito que hayamos visto en la vida.

Protegida por una barrera de coral, la isla de Moorea cuenta a su alrededor con una laguna de agua de un turquesa intenso en la que habitan tiburones, rayas, mantarrayas, tortugas y un sinfín de peces de colores. Y eso precisamente estábamos observando. Una vista que te encoge el alma y te deja sin aliento. Alguna lagrimilla se nos escapó al darnos cuenta de que estábamos ahí de verdad, que no era un sueño, que teníamos esa imagen delante y era real.

Las olas rompían a lo lejos, a unos 500 metros de la costa, sobre la barrera de coral. Más allá, el agua pasaba de turquesa a azul marino limpio y los delfines seguían surcando las olas. Detrás, Tahití, con su imponente volcán.

Después de sacar fotos de aquella maravillosa vista, llegamos al alojamiento y nos explicaron todas las actividades y sitios de interés. La verdad es que fue de gran ayuda para poder decidir qué queríamos hacer, ya que íbamos sobre la marcha. Le pedimos que nos reservase una excursión con kayaks transparentes para ver rayas y tiburones y una clase de danza. Una pena que la profe de danza no estuviese disponible…

Cuando acabamos, nos vino a recoger el del coche de alquiler (sí, nos recogió en el alojamiento) y nos llevó a la oficina. Las chicas del alojamiento nos habían gestionado todo el tema del coche, fue comodísimo. Fue pagar y listo. Ya teníamos coche para explorar la isla. Estuvimos recorriendo parte de la costa ese día, paramos a comer en una pizzería y seguimos explorando otro poquito.

No podíamos creernos lo bella que era Moorea. Laguna turquesa, barrera de coral, playas de arena blanca y una parte de selva alrededor de su precioso y escarpado volcán, el monte Rotui.

Decidimos ir a ver el atardecer a la costa oeste de la isla, a 20 minutos más o menos de nuestro alojamiento, y menudo espectáculo y explosión de colores… Luego, volvimos al alojamiento para cenar y descansar y así reponer fuerzas para conocer más de la isla al día siguiente.

DÍA 5: PLAYAS DE MOOREA

Nos levantamos tranquilamente porque este día lo teníamos planeado de playa. Relax bajo las palmeras en la arena blanca y dejándonos acariciar por las aguas turquesas. Además, queríamos practicar bien a usar las gafas de buceo y la cámara acuática. No, nunca habíamos hecho snorkel… Somos más bien terrestres.

Moorea tiene dos playas públicas importantes, la de Tiahura en la costa oeste y la de Temae, en la costa norte. Visitamos las dos el día anterior de pasada y decidimos ir a la de Temae por ser la más espectacular. Es donde el agua es más turquesa y hay más arena, la otra es más recogidita y no tiene aguas turquesas. Por el contrario, el atardecer se ve espectacular.

Hemos de decir que a pesar de ser temporada alta, las playas no están masificadas. Estábamos en la playa más bonita de la isla prácticamente solos. Tampoco hay chiringuitos ni servicios ni nada. Es salvaje, como nos gusta. En la parte derecha del todo hay un murito que la separa de la playa privada de un hotel.

Cogimos las gafas y nos metimos al agua. Y de repente, pum. ¡UNA RAYA! Una raya enorme nadando a nuestro lado. Así, sin previo aviso, sin buscarlo ni nada, a escasos metros de la orilla. Nervios, emoción, estupefacción y mucha mucha felicidad por poder observar sin planearlo a un ser tan maravilloso y elegante. A pesar de los nervios, conseguimos grabarla, nadar a su lado y observar la majestuosidad de sus aleteos. Una experiencia que no olvidaremos por lo bonito e inesperado que fue. Esa tarde vimos más rayas, peces de colores, corales y un océano inmenso y precioso.

Cuando bajó el sol, buscamos un lugar para ver de nuevo otro precioso atardecer. Encontramos de camino a casa un pequeño pontón y ahí nos afincamos para ver otra puesta de sol de película, de naranjas iridiscentes y morados con toques rosas. Cuando anocheció, volvimos al alojamiento para cenar y nos quedamos hablando sobre todo lo que habíamos visto, sentido y vivido ese día.

Esa noche, llegó otra pareja joven al alojamiento. Solo había dos habitaciones alquiladas, la nuestra y la suya. Rodri coincidió con ellos en la zona común yendo a la nevera a por zumo y me dijo que habían llegado, pero yo no los vi.

En fin, nos fuimos a dormir listos para vivir más experiencias alucinantes en esta paradisíaca isla.

DÍA 6: TODO SALE MAL

Nos levantamos con mucha ilusión para hacer una excursión con kayaks transparentes y ver tortugas, rayas, tiburones y fauna marina. Llegamos al punto de encuentro y la chica de los kayaks nos dice que hay unas corrientes tremendas y que es probable que no veamos nada y que ni si quiera consigamos llegar… Pero que podemos intentarlo. En nuestro grupo venía una pareja mayor, una chica y su hija. Todos decidimos tirar para delante aún sabiendo que quizás no podríamos ver nada porque, bueno, los kayaks transparentes ya eran una experiencia chula en sí y nosotros nunca habíamos hecho kayak, así que nos atrevimos.

Efectivamente, nada más subirnos ya vimos que la corriente era fuerte y que era complicado moverse. Estuvimos un ratito remando a contracorriente para mantenernos estáticos y poder ver las tortugas, pero con semejante mar ni una salió. La chica nos llevó a todos a un motu (islote) para hacer snorkel por la barrera de coral y tomar un refrigerio. Allí nos dijo que iba a cancelar el resto de planes de la excursión porque la habían avisado de que Moorea estaba en alerta roja por fuertes corrientes y veía imposible seguir con el plan.

Llamó a una barca para que se llevase a la familia que venía en nuestro grupo y a nosotros nos dijo que nos veía jóvenes y sanos y que podríamos volver remando con ella…No lo teníamos nada claro, pero bueno, qué íbamos a hacer…

Nos dijo que sería complicado, que era muy cansado y puede que nos rindiésemos y no llegásemos, que tardaríamos horas… Y a nosotros, la verdad, nos encantan los retos, así que estábamos nerviosos pero dispuestos a comernos el mundo.

Ella iba sola en un kayak, remolcando otros dos kayaks vacíos, y nosotros íbamos juntos en uno doble. Nos pusimos a remar como locos, sin parar, sin respirar, sin rendirnos, sin parar de luchar contra una corriente que, como te distrajeses un momento, te llevaba al otro lado de la isla en un periquete. Era muy fuerte, es cierto.

Peeeeero ¡lo conseguimos! Llegamos a la orilla desde el islote y le ayudamos a la chica a guardar los kayaks otra vez. Cuando acabamos, decidimos ir al alojamiento a ducharnos, comer y descansar porque vaya paliza a remar que nos metimos. Pero, eh, para ser nuestra primera vez y enfrentarnos a semejante aventura, lo hicimos muy bien.

Ese día acabamos agotados así que fuimos a comer al alojamiento y luego, directos a la playa a relajarnos. Ese día no hicimos nada más, la verdad.

DÍA 7: NADAMOS CON TIBURONES Y RAYAS

Después del fiasco del día anterior con los kayaks, decidimos volver a intentarlo. Esta vez, alquilamos uno doble por nuestra cuenta desde un sitio más cercano al punto donde se ven los tiburones y para allá que fuimos. La corriente aún era fuerte, pero en poco más de 15 minutos remando (con fuerza), conseguimos llegar. Atamos nuestro kayak a una bolla y… ¡tiburón! ¡Y otro! No eran para nada pequeños como imaginábamos… Eran tamaño persona como mínimo, algunos hasta dos metros. Desde el kayak se veían perfectamente porque el agua era transparente.

Eran tiburones de punta negra, que no son agresivos. En Polinesia es muy habitual nadar con ellos pero claro, manteniendo siempre una distancia y sabiendo que aunque no sean agresivos son animales salvajes con tres filas de dientes capaces de arrancarte la cabeza si quieren. Y nada, pues nos bajamos del kayak. XD

La verdad, estábamos un poco acojonados porque íbamos sin guía ni nada y estábamos solos.  Y si ya da impresión verlos desde el kayak, en el agua ni te cuento. Y debajo del agua con las gafas, más. Se nos helaba la sangre cada vez que pasaba uno. No había muchos, pero cuando nadaban a tu lado o los veías aparecer era como “dkl2jelk2ebjebjedbhd”. Se detenía el tiempo, se paraba el corazón. ¿Pero sabéis qué? Fue la experiencia más alucinante que vivimos, la verdad. Al nivel de cuando llegamos al Campo Base del Everest. Una sensación de epicidad y una descarga de adrenalina que no se puede explicar. Tener a esos animales a tu lado, dejándose ver con indiferencia, tolerando tu presencia… No sé, no puedo describirlo, de verdad. Y eso que había pocos tiburones, unos cuatro o cinco.

Por otro lado, también había rayas. Enormes, por cierto. Son supermonas, de verdad. Son juguetonas y ellas sí que se te acercan, de hecho, algunas te rozan. Son muy majas. Tras un tiempo prudencial, volvimos al kayak y remamos de vuelta.

Después de comer, fuimos otro ratito a la playa de Temae y luego, a buscar otro punto para ver un nuevo atardecer de película. Encontramos una palmera a la orilla del mar muy fotogénica y allí nos pusimos a sacar fotos y vídeos. A unos metros, en la montaña, veíamos un helicóptero con un foco buscando exhaustivamente por la montaña. Nos dio bastante mal rollo, la verdad…

Cuando volvimos al alojamiento después del anochecer, nos encontramos un ambiente muy tenso y nervioso… Nos dijeron que el chico de la otra habitación había salido esa mañana a hacer trekking solo y no había vuelto, que la chica había denunciado la desaparición sobre las 14:00 y que llevaban buscándolo desde entonces… Policía, bomberos, patrullas, equipos de montaña… A él era a quien buscaba el helicóptero que vimos.

Se nos quedó un malcuerpo tremendo, una sensación horrible y nos fuimos a nuestra habitación deseando de verdad que lo encontrasen y que estuviese bien… Dormimos a duras penas, un poco pendientes de todo lo que estaba pasando.

DÍA 8: CONOCEMOS EL INTERIOR DE MOOREA

Nos despertamos sin noticias de nuestro vecino pero sabiendo que seguían buscándolo y poniéndonos a disposición si necesitaban cualquier cosa, lo que fuese. Pero poco se podía hacer más que esperar a que los cuerpos y fuerzas de rescate lo encontrasen.

Decidimos seguir con nuestras actividades y fuimos a conocer el interior de la isla. Hay muchísimas rutas para hacer, desde nivel iniciación hasta nivel experto. Con el calor y la humedad que había, nos decantamos por una ruta fácil y cortita, de unos 40 minutos. Para hacerla, había que subir en coche al mirador del Belvedere, desde donde se puede observar el monte Rotui en todo su esplendor. Una maravilla, la verdad, porque además se ven las dos bahías a cada lado.

La ruta iniciaba desde el parking del mirador y pasaba por entre helechos y árboles centenarios. Las raíces lo ocupaban todo e íbamos con mucho cuidado para no torcernos un tobillo (ejem…).

Después de hacer la ruta y sudar como pollos, bajamos un poquito porque de camino al mirador habíamos visto que había unos restos arqueológicos de antiguos templos y construcciones polinesias. Las ruinas y restos de estas construcciones antiguas se llaman “maraes”. Están en mitad del bosque, bien señalizadas y son de acceso gratuito.

Tienes carteles que te van explicando qué es cada cosa. Hay desde plataformas para arqueros hasta templos sagrados. Hay uno dedicado a las mariposas, ya que los antiguos polinesios creían que el conocimiento transformaba a una persona ignorante (crisálida) en mariposa.

Comimos unos bocadillos y de camino de nuevo a la costa vimos plantaciones de piñas. La piña es la fruta más consumida en Moorea y de producción local. No es la piña normal que conocemos, es una que solo se da allí. A mí no me gusta la piña, pero esta no estaba mal.

Esa tarde teníamos que devolver el coche de alquiler a las 18:00, pero la puesta de sol era a las 17:30 así que buscamos un lugar cerca de la empresa para ver el atardecer. Esta vez no fue tan espectacular, porque estaba medionublado, pero bueno, fue agradable estar un ratito a la orilla del mar.

Después de caer el sol, cogimos el coche para ir a devolverlo. Mientras esperábamos al señor y en un traspiés de lo más tonto… me torcí el tobillo. Pero bien, además. En cuanto caí al suelo supe que como mínimo era un esguince. Esa mañana habíamos estado haciendo trekking con todo el cuidado del mundo y ahora voy y me hago un esguince de la forma más absurda posible, devolviendo un coche de alquiler.

El señor nos llevó al alojamiento y mientras yo me tumbaba en la cama, Rodri fue a pedirles vendas y hielo a nuestros anfitriones, que seguían preocupados por el chico desaparecido.

De repente, llega Rodri a la habitación no solo con vendas y hielo, sino con todo un botiquín y ¡UN MÉDICO! Resulta que esa noche habían entrado más huéspedes y uno era médico. Tuve suerte, la verdad. Me examinó bien el pie y me diagnosticó, efectivamente, esguince. Me dio pomada, un gel de estos que se mete en la nevera para ponerte frío y me recomendó que tuviese la pierna en alto tanto como pudiese.

¿Lo bueno? Podía caminar. Cogeaba un poco, pero caminaba decentemente y sin demasiado dolor. Así que salimos a la cocina común para hacer la cena. Le tocaba a Rodri cocinar, yo estaba convaleciente…

No habíamos tenido tiempo de preguntar si habían encontrado al chico, así que le pregunté a nuestra anfitriona y nos dijo que sí… Pero que estaba muerto. Ufff… Se nos encogió el corazón de verdad… Su mujer ahora estaba sola al otro lado del mundo (era rumana) y tenía que gestionar la pérdida de su marido con todo lo que eso conlleva. Trámites, burocracia, autopsia, repatriación del cuerpo… Sola. Y con un trauma y un dolor inmensos. La escuchamos llorar y se nos partía el alma.

Con el corazón en un puño, fuimos para la habitación para no molestar demasiado. Al día siguiente dejábamos la isla y nos íbamos para nuestra siguiente parada. Nos abrazamos toda la noche.

DÍA 9: LLEGAMOS A RAIATEA

Esa mañana, nuestra anfitriona nos llevó a nosotros y a la chica rumana al ferry para volver a Tahití. Nosotros debíamos coger desde allí un avión a Raiatea y la chica rumana debía quedarse en Tahití para hacer todas las gestiones y la autopsia.

Llegamos al puerto, nos despedimos de la anfitriona y nos montamos los tres en el ferry. Fuimos todo el camino hablando con la chica rumana, intentando consolarla. Estaba rota, lloraba… Qué dolor. No puedo ni ponerme en su piel. Nos contó que tenían dos niños pequeños, que ahora tendría que mudarse con sus padres, que se iban a comprar una casa pero ya no puede ser…

Ahora, pasados casi dos meses, hemos vuelto a tener noticias suyas. Está tirando para delante, se mudó con los niños a casa de sus padres y está gestionando las cosas como puede. Esperamos de verdad que le vaya bien y que le pase todo lo bueno del mundo.

En fin, desde el puerto nosotros cogimos un taxi al aeropuerto y tras pasar los minicontroles de seguridad, embarcamos en el avión para Raiatea. El vuelo dura apenas 25 minutos y las vistas son ALUCINANTES. De verdad, ¿cómo puede ser todo tan sumamente bonito?

Después de aterrizar, recogimos las maletas y buscamos el taxi que venía a recogernos. Taxi Warren, toda una institución en la isla. Primero, nos pasó por el supermercado para que pudiésemos hacer la compra para esos dos días y luego ya nos llevó a nuestro alojamiento.

Nos quedábamos en una casa en la playa muy chula, con un porche que daba al mar directamente. El plan para esos dos días era relax, lo cual le venía genial a mi pie. Pasamos la tarde charlando y tomando algo en el pontón de la casa. Al estar en la costa oeste de la isla, desde ahí veíamos unos atardeceres de película.

DÍA 10: AL SOL Y AL MAR

Nos despertamos sin prisa, con el sonido del mar y los rayos del sol. Día de relax absoluto. Queríamos haber cogido unos kayaks para llegar hasta un motu cercano, pero esa parte de la costa no tenía barrera de coral. Era mar abierto y estaba bastante picado, así que lo descartamos al ver las enormes olas.

Simplemente pasamos el día tostándonos al sol o refrescándonos, charlando y disfrutando de un día sin prisas. Al día siguiente ya dejábamos la isla. Realmente, solo estábamos de paso para ir a su isla vecina, Taha’a.

DÍA 11: JARDÍN DE CORAL DE TAHA’A

Muy por la mañana, Taxi Warren nos estaba esperando para llevarnos al puerto y desde allí coger un barco a Taha’a. La isla está a escasos 15 minutos en barco de Raiatea y es muy pequeñita, nada turística, pero tiene el jardín de coral más impresionante de todo el archipiélago. Y nosotros lo sabíamos, así que queríamos visitarlo.

En el barco éramos los únicos turistas. Como te digo, es una zona más salvaje. El alojamiento que cogimos en Taha’a (hay muy pocos) está ubicado justo enfrente del jardín, a unos 30 minutos en kayak (ufff…) Nos mandaron a una familia a recogernos y llevarnos al alojamiento. Allí no hay taxis, directamente te llevan familias que tienen que pasar por allí para hacer algún recado o algo. Así se sacan un dinerillo.

Solo hay dos carreteras en toda la isla, una que bordea la costa y otra que la cruza de este a oeste. A medida que nos vamos adentrando en esta última, vemos que igual nos habría hecho falta otro día más allí para poder conocer el interior, que parecía salvaje y precioso.

Llegamos al alojamiento y nos recibieron los anfitriones, muy amables. Nos alojábamos en unos bungalows en la costa enfrente del jardín de coral. Teníamos a nuestra disposición kayaks gratuitos para cruzar. Dejamos las cosas en la habitación, comimos unos bocatas y cogimos los kayaks.

Parecía que estaba cerca, pero pfff… Media horita remando. Suerte que no había mucho oleaje ni corriente. Era factible, pero llegamos agotados al motu donde estaba el jardín de coral. Después de explorar un poco el motu, nos pusimos las gafas y a nadar entre corales.

La verdad es que mereció la pena el esfuerzo. Era una maravilla. Agua transparente, corales de colores, peces tropicales, almejas azules y rosas… Una locura. Nunca habíamos visto nada así. Su fama es totalmente merecida. Estuvimos varias horas contemplando esta belleza submarina, hasta que tocó volver porque iba a oscurecer. Otra media horita remando para volver, pero ya con todo el ánimo de saber que es posible.

Nos quedamos contemplando la puesta de sol desde una ubicación privilegiada y luego, a cenar y a dormir. Al día siguiente… ¡nos íbamos a Bora Bora! Aunque como digo, no nos habría importado quedarnos un día más para explorar el interior de Taha’a.

DÍA 12: LLEGADA A BORA BORA

Los dueños del alojamiento donde nos quedamos en Taha’a nos gestionaron todo para volver a Raiatea y coger nuestro vuelo a Bora Bora. Primero, nos recogió una familia local que iba para el puerto. Allí cogimos el barco de vuelta a Raiatea y en el puerto de Raiatea otra familia nos llevó al aeropuerto.

Embarcamos para Bora Bora y en poco más de 15 minutos ya estábamos divisando desde el aire la isla. No os hacéis a la idea de lo bonita que es. Nunca habíamos visto algo tan espectacular y la verdad es que te deja sin aliento.

Al aterrizar, cogimos las maletas y fuimos a buscar el barco gratuito que te lleva desde el aeropuerto, situado en un motu, hasta la isla principal. Es muy sencillo, es el barco más grande de los que hay, aparcado al fondo. No tiene pérdida.

Sale en cuanto se llena y te deja en el puerto principal. Allí nos recogía nuestra anfitriona. Decidimos quedarnos 3 días en un Airbnb normalito para conocer la isla y otros 3 en un bungalow de lujo sobre el agua sin salir del resort para disfrutarlo bien, que con lo que cuesta es para encerrarse allí y no moverse.

Nuestra anfitriona fue muy amable y en un periquete nos gestionó las dos excursiones que nos interesaba hacer: una lancha privada para explorar la laguna y nadar de nuevo con tiburones y rayas y un tour en 4×4 por la isla para explorar su interior.

Este primer día nos lo dejamos libre para explorar a pie (dentro de lo que el tobillo me dejaba) el pueblo y la costa. Realmente, el pueblo era una extensión de casas diseminadas por la costa y un poco más de movimiento alrededor del puerto, donde se encuentran bancos, restaurantes y un pequeño centro comercial. Comimos por esa zona y después de visitar un poco los alrededores y comprar víveres en el supermercado, fuimos a buscar un punto para ver el atardecer. Lo encontramos caminando hacia el oeste de la isla.

Después de otra puesta de sol mágica, volvimos al apartamento para cenar y descansar.

DÍA 13: EXPLORAMOS LA LAGUNA DE BORA BORA

Ese día, una lancha privada solo para nosotros con su capitán y todo nos recogía al pie del alojamiento para pasar una jornada explorando la laguna, la más impresionante que vimos hasta el momento.

El capitán era un señor polinesio muy afable que hablaba bien inglés y bastante bien español. Nos ofreció agua, cerveza, toallas… ¡De todo!

La primera parada fue el punto donde se concentran los tiburones y las rayas. Antes de meternos al agua, los vimos desde el barco y madre mía, ¡había MUCHOS! Muchos más que en Moorea. Había, no sé, ¿30? ¿40? ¿50? Grandes, grises, amarillos… Además, éramos los únicos en aquel momento, así que captábamos toda su atención.

Nos metimos al agua y las enormes rayas empezaron a revolotearnos alrededor, jugueteando, rozándonos, pasándonos por encima. Es un tacto super raro, gelatinoso, pero suave. La cola raspa, eso sí.

Por su parte, los tiburones se mantenían a unos dos metros, peeeeero nos rodeaban sin parar. ¡Eran tantos! No puedo describir lo que sentíamos, una mezcla de adrenalina, miedo y placer, emoción y escalofríos. Ya habíamos nadado con tiburones, ¡pero no con tantos! Era abrumador ver literalmente un muro de tiburones a tu alrededor.

Estuvimos una hora o así solos con ellos, nadando, buceando y disfrutando, hasta que empezaron a llegar más barcos. Entonces, volvimos a subir al barco y nos fuimos al siguiente punto.

La siguiente parada fue el jardín de coral de Bora Bora, con una profundidad de unos 4 o 5 metros. Nos pusimos las gafas y fuimos nadando hasta el punto concreto. Vimos infinidad de peces de colores, corales preciosos ¡y hasta una morena! Nunca habíamos visto una. Creo que dan más mal rollo que los tiburones, la verdad…

Después de estar un rato contemplando las preciosas vistas en los corales y los peces de colores, volvimos al barco para dar una vuelta a la isla. Sin embargo, la lluvia tenía otros planes. Allí el tiempo cambia con mucha facilidad y hasta en la época seca puede lloverte, de ahí que sean islas tan verdes. Nos calló un buen chaparrón y el capitán nos llevó a un motu a refugiarnos.

Exploramos el motu mientas el capi intentaba hacer fuego, porque hacía algo de frío, pero fue imposible. Llovía de lado y encima hacía viento. Nos quedamos media hora o 45 minutos refugiados y cuando escampó un poco, volvimos al barco.

Nos llevó a recorrer la laguna y fuimos viendo diferentes puntos interesantes, resorts, puertos y pueblos. Llegamos al hotel empapaditos así que nos dimos una ducha de agua caliente y comimos tranquilamente. Ese día no salimos más porque no dejó de llover.

DÍA 14: EXPLORAMOS BORA BORA EN 4X4

Al día siguiente, el tiempo se había calmado y el sol volvió a salir. Un 4×4 nos recogió a la puerta del alojamiento para explorar el interior de la isla. Esta vez, no era una excursión privada. Iba también una familia americana que no nos dirigió la palabra en todo el día…

Sin embargo, el guía era muy majo y un cachondo, muy bromista y divertido. Pusimos rumbo al primer punto a visitar, un taller artesano de pareos. Los pintan a mano y la verdad es que son auténticas obras de arte.

El segundo punto que visitamos fueron unos cañones americanos de la Segunda Guerra Mundial. Los americanos asentaron allí sus vigías estratégicamente y subieron hasta lo alto de la montaña cañones enormes. La verdad, no sé cómo, porque la carretera era tan empinada que asustaba incluso en el 4×4.

Después, seguimos la carretera hasta un mirador desde el cual se divisaba toda la isla. Aguas azules, turquesas, verdes… ¡Alucinante! Después de sacarnos unas fotos y disfrutar de las vistas, volvimos a bajar para dar una vuelta a la isla y observar el volcán Otemanu (pájaro del sol), que es el que le dio nombre a la isla.

Y después, volvimos al hotel. La verdad, el interior de la isla no tiene mucho misterio, es pequeñita y no es tan llamativo como el interior de Tahití, que era espectacular. Lo bonito de Bora Bora es su laguna, sin duda, la más espectacular de todas las islas que visitamos con diferencia.

Llegamos al alojamiento, comimos, descansamos un poco y salimos de nuevo a ver el atardecer. Después, cenamos en una roulotte (foodtruck) cerca de nuestro alojamiento y volvimos para descansar y dormir. Al día siguiente venía uno de los platos fuertes del viaje, algo con lo que llevábamos años soñando hacer.

DÍA 15: ¡NOS VAMOS AL BUNGALOW OVERWATER!

Hoy íbamos a cumplir un sueño, alojarnos en un lujoso bungalow sobre el agua en uno de los resorts más exclusivos del mundo, el Intercontinental Le Moana de Bora Bora. ¡Y durante tres noches!

Nuestra anfitriona fue muy amable y nos llevó de forma gratuita al Intercontinental. Allí nos recibieron con unos embriagadores collares de flores tiare y una corona de flores preciosa, además de un coctel de bienvenida y muchas sonrisas. Cogieron nuestro equipaje, nos hicieron un tour por el resort y finalmente, nos llevaron a nuestro bungalow, el mejor de todo el resort. Un bungalow sobre el agua con vistas a la laguna, al mar y al volcán en la punta del pontón. Espectacular, con todo el lujo de un resort de ese calibre, con terraza, solárium y hasta nuestro propio pequeño puerto. Y algo alucinante: ¡la mesa del salón era de cristal y veías el fondo del mar! Nos quedábamos tontos viendo los corales y los peces.

Sin duda, es un paraíso. Después de explorar bien todo el bungalow y hacer videollamada con nuestras familias para enseñárselo, fuimos a comer al restaurante del hotel, ubicado en una playa privada. Comimos muy bien y después, a tomar el sol toda la tarde, a sacarnos fotos y disfrutar de ese paraíso.

Por la noche, cenamos en el restaurante del hotel. Ya os decimos que estos tres días no salimos de allí, pero hicimos muchas actividades y vivimos experiencias únicas.

DÍA 16: LUJO EN EL INTERCONTINENTAL LE MOANA

Nos despertamos en el paraíso. Unas vistas increíbles nos dieron los buenos días. El mar transparente bajo nuestro bungalow, el sol, la brisa… La calma de un día más sintiéndonos reyes.

Este día lo teníamos planeado de relax. Nos levantamos prontito para ir a desayunar el impresionante bufete continental del hotel y después, a tomar el sol toda la mañana en la terraza de nuestro bungalow hasta la hora de comer.

Después de comer, pues a tomar el sol otra vez en la playa, a saca fotos, a divertirnos explorando el hotel y a disfrutar de unos merecidos días en el paraíso.

Pero para más lujo, esa noche decidimos reservar una cena romántica privada en la playa del hotel. Nos prepararon un menú digno de los dioses y nosotros nos arreglamos acorde a la ocasión. De hecho, yo me había llevado mi segundo vestido de novia (más manejable que el vestido principal) así que me lo puse. Y Rodri estaba guapísimo con su camisa blanca de lino.

Cuando llegamos, nos esperaba una mesa preciosa a la orilla del mar, decorada con flores y velas, sin nadie alrededor, solo nosotros y nuestro camarero, que se retiraba prudentemente después de servirnos cada plato.

Foie francés, gambones, atún rojo local, pescado de la laguna, un solomillo delicioso y un postre que volvería locos a los más golosos. Fue un festín en toda regla, acompasado por el vaivén de las olas y el olor de las flores. Una noche que nunca olvidaremos.

DÍA 17: PARAÍSO EN LA TIERRA

Otro despertar en el paraíso. En este caso, nos esperaba un desayuno MUY especial. Los huéspedes que se alojan en los bungalows sobre el agua de la punta del pontón pueden disfrutar de un desayuno en canoa.

A la hora concertada, vimos aparecer por la laguna una canoa preciosa decorada con flores en la que traían nuestro desayuno, un desayuno espectacular que pudimos disfrutar cómodamente y sin prisas en nuestra terraza. Había de todo, menudo banquete. De hecho, nos sobró bastante como para comer así que lo guardamos para luego.

Disfrutamos tomando el sol en nuestra terraza, nos bañamos bajo nuestro bungalow y exploramos los corales y peces que había por la zona. Es genial tener días de relax en los viajes, porque siempre vamos a mil y es importante para descansar y desconectar.

Comimos las sobras del desayuno, más que suficiente y luego, nos fuimos a la playa del hotel a seguir tomando el sol, sacarnos más fotos y bañarnos. Se nos ocurrió pedir la canoa que habían utilizado para llevarnos el desayuno para grabar algún vídeo, porque estaba preciosa decorada, pero madre mía, qué difícil es de manejar… Fue muy divertido, eso sí.

Esa noche también teníamos un plan especial: cena con espectáculo de danza polinesia tradicional. Yo practiqué muchos años el Ori (danza polinesia) en Gijón, así que estaba deseando poder ver un espectáculo aquí. Se hacía en nuestro hotel, acompañado de una cena estilo bufet libre pero de superlujo. No os digo más que en el bufet había ostras… En Europa cuestan unos 6 o 7 euros la pieza en cualquier restaurante, aquí podías coger todas las que quisieses. Vamos, que aunque había un montonazo de cosas ricas donde elegir, yo cené solo ostras. XD

Nosotros teníamos una mesa reservada en primera fila para ver el espectáculo y mereció la pena. Los bailarines y bailarinas eran espectaculares y nos gustó muchísimo, era hipnótico. En un momento dado, sacaban a gente del público a bailar para hacer el tonto. Una bailarina me sacó a bailar y claro, lo que menos se esperaba ella es que yo supiese bailar Ori. Se sorprendió mucho y cuando acabó la parte de bailar con el público, me dijo que me quedase con ella a bailar una canción y… ¡madre mía! Qué experiencia tan bonita. Poder bailar en Bora Bora con una bailarina de Ori profesional… ¡Un sueño!

Al acabar, nos hicimos alguna foto con ellos y nos volvimos al bungalow a procesar todo lo que estábamos viviendo. Qué felicidad, de verdad.

DÍA 18: SE ACABA LO BUENO

Tras otro despertar en el paraíso, tocaba hacer la maleta, esa tarde nos volvíamos para Tahití, ¡se acababa nuestro viaje! Nos tumbamos a tomar el sol en nuestra terraza hasta el check out y después, dejamos nuestro equipaje para que nos lo guardasen mientras nosotros disfrutábamos del resort hasta la hora de nuestro vuelo.

Decidimos coger el transfer directo desde nuestro hotel al aeropuerto, que costaba una pasta pero nos ahorraba muchos dolores de cabeza. A la hora acordada, el barco nos estaba esperando. Tocaron la caracola para despedirnos y pusimos rumbo al aeropuerto de Bora Bora.

El proceso de embarque fue rápido y antes de darnos cuenta, ya estábamos volando rumbo a Tahití. Allí cogimos un Airbnb cerca del aeropuerto, sencillo pero bien cuidado. Nuestra anfitriona era muy amable y nos hizo sentir como en casa.

Nos habíamos cogido cena en el Mcdonalds del aeropuerto, ya que en los alrededores del alojamiento no había nada para cenar, así que cenamos y a dormir, que tocaba madrugar para coger el vuelo al día siguiente… ¡Esto se acaba!

DÍA 19: VUELTA A CASA

Nuestra anfitriona nos llevó al aeropuerto de madrugada, sobre las 5. Y nada, cogimos el avión con la misma aerolínea y ruta que para venir. Tahití-San Francisco-París, con las mismas colazas en San Francisco para los controles y el mismo estrés para no perder el vuelo de conexión.

Se había acabado un viaje inolvidable, el viaje de nuestras vidas, el destino más soñado de nuestra vida, el más lejano también. Habíamos visto, vivido y hecho cosas increíbles… Nadamos entre más de 40 tiburones, jugamos con rayas, vimos jardines de corales increíbles, peces de colores, volcanes, ruinas ancestrales y aguas turquesas, lagunas infinitas… Y vivimos tres días de lujo que sin duda nos merecíamos.

No hay palabras para describir todo lo que sentimos y aún ahora nos parece un sueño, un recuerdo inolvidable que quedará para siempre grabado en nuestros corazones y que nos tiene soñando con volver algún día a ese recóndito lugar del mundo tan conectado con el paraíso.

Y recuerda que también tenemos otro artículo con consejos prácticos para viajar a Polinesia. Puedes leerlo pulsando aquí.

Ia ora na!

Oceanía

Qué ver en Polinesia: Consejos prácticos para organizar el viaje

La Polinesia Francesa siempre ha sido un sueño viajero que, por h o por b, siempre se nos escapaba. Pero por fin este año hemos podido hacer realidad nuestra mayor ilusión: visitar este paraíso de aguas turquesas y volcanes. Si tú vas a cumplir este mismo sueño pronto, esto te interesa, ya que no existe mucha información para visitar esta región. ¡Sigue leyendo para poder organizar un viaje al mundo perdido: la Polinesia Francesa! Te damos consejos generales y consejos específicos para cada isla que visitamos, así como una lista con los hoteles y alojamientos en donde nos quedamos y las empresas con las que hicimos excursiones. Y en este enlace puedes leer nuestro diario de viaje, con un itinerario completo y detallado.

¿CUÁNDO IR?

Polinesia tiene dos estaciones: la seca, que va desde mayo hasta octubre, y la húmeda, desde noviembre hasta abril. Debes tener en cuenta que en la estación seca también llueve, aunque mucho menos que en la húmeda, pero puede ser que algún día te caiga algún chaparrón. Nosotros fuimos en mayo/junio y aunque hubo dos días de lluvia momentánea, nos hizo sol y buen tiempo todo el rato. La vegetación es siempre verde, así que no es de extrañar que pasen estas cosas.

¿CÓMO IR?

Es un destino lejano, muy, muy lejano. De hecho, está en el otro lado del mundo, a una diferencia horaria de 12 horas respecto a España. Nosotros volamos con la compañía French Bee, que tiene precios muy competitivos. La diferencia con otras aerolíneas como Air France era bastante grande. Nos salió el vuelo por unos 1000€ por persona ida y vuelta, en itinerario París-San Francisco-París. El vuelo de París a San Francisco se hace en unas 11 horas y de San Francisco a Tahití fueron otras 8 más o menos. Tuvimos suerte porque íbamos los dos solos en una fila de cuatro asientos, así que pudimos dormir perfectamente.

¿Y EL JET LAG?

Horrible, no te vamos a engañar, tanto a la ida como a la vuelta. Como te digo, son 12 horas de diferencia horaria respecto a España más la paradita en San Francisco que te descoloca por completo. Tardamos más o menos dos días en reajustar el sueño. Procura dejarte los primeros días de relax para no ir zombie por ahí.

¿POR LIBRE O POR AGENCIA?

Nosotros lo organizamos por libre. Es cierto que con la agencia te quitas estrés y trabajo, pero el precio sube bastante y ya es un destino caro de por sí. Nosotros lo que hicimos fue informarnos bien viendo documentales y leyendo y luego decidimos a qué islas ir, qué hacer y cuántos días estar. Se puede organizar por libre perfectamente y si necesitáis que os echemos un cable, escribidnos.

¿CUÁNTOS DÍAS SON NECESARIOS?

Qué pregunta tan difícil… Pues si puedes, estate meses. Son cientos de islas que cubren una extensión total más grande que Europa… Si solo cuentas con un par de semanas, lo normal es hacer tres o cuatro islas. Con tres semanas ya puedes hacer cinco islas seis apurando mucho. En los itinerarios típicos ves tres islas en 10 días. Nosotros teníamos 18 días completos en Polinesia, así que vimos cinco islas.

¿QUÉ ISLAS VISITAR?

Otra pregunta complicada. Es muy difícil elegir y dependerá de tus gustos personales. Polinesia se divide en cinco archipiélagos:

  • Islas Sociedad: Tahití, Moorea, Bora Bora, Taha’a, Raiatea, Huahine
  • Islas Marquesas: Nuku Hiva, Hiva’Oa, Ua Pou, Fatu Hiva, Ua Huka, Tahuata, Moho Tani
  • Archipiélago Tuamotu: Rangiroa, Makemo, Hao, Anaa, Fakarava, Tikehau, Manihi
  • Islas australes: Tubuai, Rapa, Rurutu, Raivavae, Rimatara, Is. María
  • Islas Gambier: Mangareva          , Taravai, Akamaru, Aukena

Seguramente, las que más te suenen sean las del archipiélago Sociedad. Son las más turísticas por su posición estratégica cerca de Tahití, la capital. Son las que nosotros visitamos (excepto Huaine por falta de tiempo). El resto de islas son más salvajes y menos turísticas.

Nosotros queríamos visitar también alguna de las islas Marquesas, pero como digo, no pudimos por falta de tiempo y dinero. Se nos iba mucho de presupuesto ya que los vuelos entre islas son caros. Eso lo detallaré más adelante.

¿CÓMO MOVERSE ENTRE ISLAS?

Pues en avión o en ferry. La compañía Air Tahiti (no confundir con Air Tahiti Nui) cubre las rutas entre las islas que tienen aeropuerto. No todas tienen, así que si quieres ir a alguna más pequeña, debes volar a una grande que esté cerca y luego ir en barco. Es el caso de Taha’a. Tuvimos que volar a Raiatea y luego coger un barco para visitar esta pequeña isla vecina.

Air Tahiti ofrece una especie de billetes combinados para visitar varias islas. Son como pases que por una tarifa fija te permiten ir pasando de una isla a otra. Pero ojo, no puedes repetir isla. Es decir, si tienes que hacer, por ejemplo, Tahití-Moorea y luego volver para volar de Tahiti a Raiatea porque no hay vuelvo Moorea-Raiatea, ya no te vale el pase. Es solo para viajes de isla a isla sin repetir. Míratelo bien en su web. A nosotros no nos salía rentable, así que cogimos los vuelos por separado.

Te puedes ahorrar bastante en el trayecto Tahití-Moorea si lo haces en ferry. La compañía Aremiti 6 cubre el trayecto diariamente en 30 minutos por unos 15 € (en avión son unos 150 €). Al final, es mucho más rápido e infinitamente más barato que en avión. Son puntuales y tienen varios al día. Puedes cruzar con maletas y hasta con coche.

¿COCHE DE ALQUILER?

Depende de lo que vayas a hacer en la isla. Nosotros solo lo cogimos para Moorea. Esa isla la exploramos por nuestra cuenta. El resto, lo hicimos con excursiones que te recogen en el hotel. Si vas a alquilar coche, hazlo con tiempo, ya que suelen agotarse si lo quieres de un día para otro.

¿CAMBIO DE DIVISAS?

La moneda de allí es el franco polinesio. La equivalencia sería más o menos esta:

1 XPF : 0,00838 EUR

10 XPF : 0,0838 EUR

Por desgracia, no hay ninguna casa de cambio en España donde puedas cambiar dinero, ni si quiera en bancos te lo cambian. Lo mejor es llevar euros y cambiar allí mismo. En la oficina del aeropuerto de Tahití podrás hacerlo a buen precio, ya que a diferencia de otros aeropuertos, tienen estipulada una tasa de cambio oficial y sale bien.

¿SEGURO DE VIAJE?

Sí, POR FAVOR, lleva siempre seguro de viaje. El precio sale muy bien y te ahorras muchos disgustos. En este viaje nos pasó algo bastante fuerte. En nuestro alojamiento de Moorea se hospedaba otra pareja joven y el chaval murió haciendo un trekking. Ella estaba con un shock tremendo. Por suerte, llevaban seguro, porque no sabes lo caro que es gestionar un fallecimiento tan lejos de casa y encima sola…

Por eso, te recomendamos dos aseguradoras top que para nosotros son las mejores del mercado ahora mismo, Iati y Mondo. Por ser lector de nuestro blog, te dejamos un descuento en cada aseguradora para que viajes tranquilo. El descuento se aplica automáticamente al reservar desde estos enlaces:

¿SIM CARD E INTERNET?

Todos los alojamientos en los que nos quedamos tenían bastante buen wifi, la verdad. No obstante, sabíamos que queríamos comprar unas tarjetas SIM para tener internet siempre en el móvil. En Polinesia hay dos compañías donde podéis conseguir tarjetas SIM locales prepago. Una es VINI y la otra es Vodafone. Nosotros nos decantamos por las tarjetas de 8GB de Vodafone. Salen a 1800 francos cada una y nos funcionaron perfectamente todo el viaje. Eso sí, es importante recalcar que solo funcionan para Bora Bora, Tahití y Moorea. En Raiatea y Taha’a solo tienen conexión las de VINI, pero eran mucho más caras y como os digo, teníamos wifi en el hotel. Podéis comprar las tarjetas de Vodafone directamente en el aeropuerto, en el mismo cubículo donde están las empresas de coches de alquiler. Si no, en el centro de Papeete hay una tienda también.

¿POLINESIA ES CARO?

Sí. Mucho. No solo es caro llegar hasta allí, sino que la vida allí es bastante cara en general. Sí que es cierto que no hace falta hospedarse en un resort de 3000€ la noche, pero también es verdad que notarás tus bolsillos cada vez más vacíos a medida que vayan pasando los días.

Nosotros elegimos todos los alojamientos (menos uno) con cocina para ahorrar en comidas, pero las compras en los supermercados salían bastante caras. Por ejemplo, un paquete de pan de molde a unos 8€ y un paquete de pasta por casi 4€. Ya no te digo nada de carne o fiambres.

En los restaurantes, la cosa tampoco mejora. Pizzas por 20€, foodtrucks por 12€… Vamos, que sí, que vayas ahorrando.

¿QUÉ ROPA LLEVAR?

Ropita de verano y muchos bañadores y bikinis. No te olvides las gafas de bucear, el tubo y las aletas. Si te gusta hacer trekking, llévate también ropa de montaña, ya que en islas como Tahití o Moorea tienes mucho donde caminar (con cuidado, por favor). También es conveniente llevarse un chubasquero para los días de lluvia y unos escarpines para poder explorar los corales sin cortarte.

¿GASTRONOMÍA?

El plato más típico es el poisson cru, es decir, pescado crudo. Normalmente, atún rojo local que se macera en lima y leche de coco y se sirve acompañado de arroz y verduritas. En Polinesia se alimentan sobre todo de productos del mar y frutas tropicales como la piña, el coco, la papaya o los aguacates. El resto, como la carne, suele importarse o bien desde Francia o desde Australia y Nueva Zelanda, por eso sale tan caro.

¿CULTURA?

Polinesia es un país muy rico en cultura. Los antiguos polinesios ya poblaban esas islas hace milenios y es alucinante ver cómo su cultura se fue conservando generación tras generación. En costumbres, en danza, en gastronomía, en vestimenta e incluso en el idioma.

El polinesio es idioma oficial y muy hablado entre sus habitantes, que te saludarán con “ia ora na”, te darán las gracias con “mauruuru” y se despedirán con “nana”. Es un idioma precioso y suena alucinante.

En la vestimenta, verás los pareos tanto en mujeres como en hombres, verás collares y coronas de flores y motivos típicos en los bordados.

En cuanto a la danza, qué voy a decir… Yo misma practiqué Ori tahitiano en Gijón unos cuantos años, así que obviamente fuimos a ver un espectáculo. En el cual, por cierto, me sacaron a bailar y lo di todo. Es muy recomendable verlos. Los suelen hacer en hoteles como los de la cadena Intercontinental, acompañados de una cena. No es para nada una turistada, no tendrás muchas más oportunidades de ver este tipo de danza en otros sitios.

CONSEJOS ISLA POR ISLA:

TAHITÍ:

  • Lo mejor es que te alojes en la capital, Papeete, ya que ahí tienes todos los servicios, excursiones, alojamientos y restaurantes.
  • Mucha gente la usa solo como zona de paso hacia otras islas y no la visitan, pero nosotros creemos que merece la pena pasar al menos un par de días, sobre todo, para hacer la excursión en 4×4 al valle de Papenoo.
  • Si te sobran días, alquila un coche para visitar más en profundidad la isla.
  • Puede haber bastante tráfico por carretera para ir al aeropuerto, vete con tiempo.
  • Hay un motel a escasos 100 metros del aeropuerto. Nosotros lo pillamos ya lleno, pero puede ser genial si tienes que pasar una noche cerca para coger un vuelo temprano a la ida o la vuelta

MOOREA:

  • Si vas desde Tahití, seguramente te salga más barato ir en ferry que en avión, a no ser que hayas sacado un pass con Air Tahití.
  • Merece la pena quedarse al menos 5 días para explorarla con tranquilidad. En esta isla fue donde más en casa nos sentimos, tiene de todo y no está masificada.
  • Si te gusta el senderismo, tienes un montón de rutas para hacer por el interior de la isla, pero ve con cuidado, que ya has visto lo que puede pasar.
  • Merece la pena alquilarse un coche para recorrerla a tu aire tranquilamente. Es preciosa, con unos atardeceres de infarto y una costa maravillosa.
  • La parte norte es la más turística, la parte sur es más salvaje.
  • Si no quieres pagar por una excursión para ver rayas y tiburones, por unos 10€ la hora puedes alquilarte un kayak doble en Tip Nautic y te da de sobra para verlos y nadar con ellos. Llegas en unos 5 minutos remando, está justo en frente. Tip Nautic se ubica en la playa privada del hotel Les Tipaniers. Hay un guardia antes de que puedas acceder, le dices que vas a Tip Nautic y te deja pasar. La playa en sí no vale mucho, pero es cómodo el tema kayak para llegar a lo de los tiburones.
  • Cuidado con las corrientes y los kayaks, ya veis lo que nos pasó a nosotros.
  • Para ver el atardecer, busca la zona oeste. Al lado del parque de bomberos hay una extensión donde puedes verlo bien. Si no, en la punta de la bahía Cook también se ve genial, en algún pontón. Eso, claro, depende de la época en la que vayas, no siempre hace la misma trayectoria el sol.
  • La playa pública de la costa oeste, la de Tiahura, tiene un parking gratuito pero cierra a las 17:30 y no te da tiempo a ver el atardecer. Tampoco puedes sacar el coche y quedarte tú dentro porque para acceder a la playa hay una valla. Vamos, que es pública pero la cierran.
  • Cuidado con los perros en la carretera de la costa de noche. Se tiran a la carretera como locos y te los llevas por delante sin poder evitarlo. Van sin mirar. Nosotros literal que casi atropellamos a dos en cosa de media hora.

RAIATEA:

  • No busques preciosas playas paradisíacas. Esta isla es más de montaña que de costa.
  • Intenta alojarte en una casa frente al mar en la costa oeste Podrás ver unos atardeceres de infarto.
  • Para transporte, lo mejor es Taxi Warren. Tienen varios y son muy funcionales.

TAHA’A:

  • Busca alojamiento con tiempo, hay muy pocos.
  • Intenta alojarte tan cerca del jardín de coral como puedas. Justo en el motu al lado del jardín hay un alojamiento, pero cuesta como 1000€ la noche… Mejor en la isla principal y vas y vuelves en lancha o kayak
  • Importantísimo: llévate un buen repelente de mosquitos. En esta isla son muy agresivos y hay hasta jejenes. A nosotros nos comieron vivos. Es que hasta te persiguen, es una locura.
  • ¡No olvides las gafas de buceo y los escarpines para ir al jardín de coral!
  • Intenta gestionar los transportes con tu alojamiento, no hay taxis en la isla.
  • Para ir de Raiatea a Taha’a y viceversa, solo puedes ir en barco. Los hay privados o públicos. En fin de semana la frecuencia baja bastante, habiendo solo un par al día, a las 10:30 y a las 18:00 o algo así. Gestiónalo con tu alojamiento porque puedes quedarte en tierra.

BORA BORA:

  • El aeropuerto está situado en un motu (islote). Los resorts ofrecen transfer pero cuestan una pasta. Sin embargo, tienes un barco gratuito desde el aeropuerto hasta la isla principal. Consulta dónde está ubicado tu alojamiento para ver si te sirve y ahorrarte una pasta.
  • Si vas a alojarte en un super resort, considera pasar dos días antes en otro alojamiento más normalito para conocer la isla y luego los días del resort aprovecharlo bien para no salir de allí y que te traten como reyes. Eso fue lo que hicimos nosotros.
  • En los resorts, elige un bungalow overwater. Ya que vas, pues hazlo bien.
  • Merece la pena hacer una excursión privada en esta isla para conocer la laguna bien. Es espectacular y puedes tener para ti solo a los tiburones y rayas.
  • No creemos que merezca la pena alquilar coche en Bora Bora. Mejor contrata una excursión para la laguna y otra para conocer la isla en 4×4. En coche puedes dar la vuelta a la isla en 20 minutos y lo malo es que no puedes acceder al interior, eso sí o sí es en 4×4.
  • Prueba el plato típico “poisson cru”, aquí es donde mejor lo hacen.
  • Ve a ver un espectáculo de danza tradicional con cena bufet. Los hacen todos los miércoles (o martes) y sábados en el Intercontinental Le Moana. Y seguro que en más resorts. Puedes reservar mesa aunque no te alojes allí.

HOTELES Y ALOJAMIENTOS:

La verdad es que tuvimos mucha puntería al elegir los sitios donde alojarnos. Tuvimos muy buenas experiencias y si volviésemos, sin duda repetiríamos. Aquí os dejamos la lista:

Tahití: Fare Rearea

Moorea: Fare Haurevaiti

Raiatea: Fare Mirimiri

Taha’a: La Perle Tahaa

Bora Bora: Sunset hill Lodge

Bora Bora: Intercontinental Le Moana

Tahití: A Tomo Mai Homestay

EMPRESAS PARA EXCURSIONES:

Nosotros fuimos muy sobre la marcha, gestionándolo de un día para otro con el alojamiento en cada isla, pero la verdad es que te recomendamos reservar con tiempo, porque nos costaba encontrar cosas de un día para otro, aunque al final no tuvimos problema. Te dejamos aquí la lista de las empresas con las que hicimos excursiones:

Tahití:

Excursión en 4×4 con Marama Tours

Moorea:

Kayak transparente con Moorea Blue Paddle

Kayak por libre con Tip Nautic

Bora Bora:

Excursión en 4×4 con Tupuna Safari

Alquiler de lancha privada con capitán con Moana Adventure Tours

Importante: para las excursiones que implican avistamientos de animales, elige siempre empresas ecofriendly que no les den de comer (práctica prohibida desde 2017 pero que algunos se saltan a la torera). Estas empresas son ecofriendly.

Y hasta aquí nuestros consejos para organizar por libre un viaje a Polinesia. Si tenéis cualquier otra duda cuya respuesta no salga aquí, podéis escribirnos y os ayudamos en lo que podamos. Y recuerda, tenemos un diario completo de viaje, con nuestro itinerario e impresiones. Puedes leerlo aquí.

Ia ora na!

América

Diario de viaje a Costa Rica: Volcanes, jungla y playas

Escrito por: Nadia

Costa Rica es un país que nos llevamos en el corazón para siempre. Sus magníficas cascadas de agua azul turquesa, sus playas salvajes bordeadas de palmeras, su fauna y su naturaleza… Y sobre todo, su gente. ¿Te apetece descubrirla a través de nuestros ojos? ¿Estás preparando un viaje y necesitas información? ¡Pues sigue leyendo! Y recuerda que también tenemos una guía con muchos consejos para visitar Costa Rica. Puedes leerla en este enlace.

Día 1: Vuelo Madrid-San José

Estábamos muy emocionados y nerviosos, era nuestro primer viaje intercontinental después de la pandemia, ¡y a Costa Rica nada menos! Volamos con Iberojet en un vuelo directo Madrid-San José de casi 12 horas… Facturación, control de seguridad, puerta de embarque y… ¡Por fin en el avión! ¡Despegamos! Película, película, almuerzo, película… Cabezada, mensaje del comandante, película y… ¡Llegamos por fin!

Aterrizamos en el aeropuerto de San José sobre las 18:00. Después de recoger nuestro equipaje, cogimos un taxi para ir a nuestro alojamiento. Nos quedábamos a pasar la noche en Alajuela, el pueblo donde está ubicado el aeropuerto. Llegamos a nuestro bungalow, cenamos y a dormir, nos esperaban muchas aventuras.

DÍA 2: Alajuela – Centro de rescate de animales Animal Love

Tras un buen desayuno, fuimos a recoger nuestro coche de alquiler y pusimos rumbo al centro de rescate de animales Animal Love, ubicado en la selva, a una hora y media aproximadamente de La Fortuna.

Animal Love funciona como una ONG donde cuidan de más de 1200 animales, sobre todo gatos y perros heridos, enfermos o abandonados. Es increíble el trabajo que hacen, sobre todo teniendo en cuenta que se financian solo con donaciones y con parte de los fondos del hotel con el que están hermanados, Lands In Love. Cuando nos contactaron para colaborar con ellos y ayudarlos a conseguir donaciones, aceptamos encantados.

Obviamente, nos alojamos en el hotel Lands In Love y tuvimos la oportunidad de visitar el centro de rescate, conocer al equipo, mimar a los gatitos y perritos y saber más sobre cómo trabajan y el esfuerzo que dedican todos los voluntarios a sacar adelante a todos estos animales.

Después, nos llevaron a hacer una actividad muy chula de tirolinas por la selva. El resort Lands In Love ofrece a sus huéspedes todo tipo de actividades, desde relajantes, como un paseo a caballo, hasta aventureras como rafting o descenso de cañones.

La experiencia de las tirolinas fue alucinante, hicimos cinco, una de ellas llamada el Superman, porque vas tumbado boca abajo y recorres volando los 700 metros de tirolina que transcurren por la selva. ¡Brutal! Después de eso, cenamos rico, rico y a descansar.

DÍA 3: Animal Love – Catarata La Fortuna

Dejamos el centro de rescate y ponemos rumbo a la zona de La Fortuna, donde se encuentra el Parque Nacional del Volcán Arenal, que está rodeado de aguas termales, cataratas y mucha naturaleza.

Después de dejar nuestras cosas en el hotel, pusimos rumbo a la catarata La Fortuna. Está incluida dentro de una zona protegida y hay que pagar entrada. Cuesta 18 dólares y tienes muchas cosas que hacer además de visitar la cascada, como trekkings y avistamiento de aves y plantas. Abre de 7:00 a 17:00.

Para llegar a la cascada, la joya de la corona, es necesario bajar (y luego subir) unas 500 escaleras. Llévate bañador y disfruta de un bañito relajante al lado del chorro, pero cuidado, porque a veces baja con tanta fuerza que no puedes acercarte. La tarde nos la tomamos de relax y disfrutamos de un precioso atardecer.

Catarata La Fortuna

DÍA 4: Aguas termales, Parque Nacional del Volcán Arenal y Místico Park

Empezamos el día a las 6:00 en las aguas termales de Chollín, que son gratuitas. Están justo al lado de todos los hoteles termales que te clavan 90 dólares por persona por un bañito… ¡Son las mismas! Solo que a 100 metros son gratis. Y, por supuesto, el paisaje es totalmente natural, ya que en las zonas de los hoteles lo modifican.

Si quieres disfrutar bien de las termales Chollín, vete bien temprano, ya que luego se peta. Nosotros dejamos el coche a un lado de la carretera, a 10 metros del acceso a las termas. El mejor sitio es pasando una especie de puente en la carretera, a mano izquierda verás una bajada.

Estuvimos hora y media a remojo y luego pusimos rumbo al Parque Nacional del Volcán Arenal. Abre de 8:00 a 16:00, pero el último acceso es a las 14:30, tenlo en cuenta. Cuesta 15 dólares por persona.

Hay muchas sendas para hacer trekking y recorrer todo el parque, paseando por las coladas de lava y viendo árboles ceiba gigantescos. Las sendas no son nada difíciles y hay algunas por las que hasta podrías ir en silla de ruedas, literalmente. Son sencillitas y los niños pueden hacerlas sin problema. Hay una de dos horas, otra de tres, otra de solo media hora… Nosotros hicimos unas cuatro horas de caminata.

Tras comer algo rápido, nos dirigimos al Mistico Park, conocido por sus puentes colgantes por la selva. Fue una maravilla disfrutar de las vistas y aventurarnos como Indiana Jones por puentes colgante infinitos sobre las copas de los árboles con vistas al volcán Arenal. ¡Muy recomendable! Al acabar, nos fuimos directos al hotel a descansar, ¡qué día tan bonito e intenso!

DÍA 5: Arenal – Río Celeste – Manuel Antonio

Bien temprano, pusimos rumbo al Parque Nacional del Volcán Tenorio, donde se ubica el Río Celeste y su impresionante cascada. El sorprendente color celeste de esta agua surge por un compuesto mineral que se disuelve a lo largo del curso del río. Cuenta la leyenda que es donde Dios lavó su pincel después de pintar el cielo, ¡y no nos sorprende!

Abre de 8:00 a 16:00 y la entrada cuesta 12 dólares por persona. Cabe destacar que aquí el parking es de pago, hay varios y todos cuestan 3000 colones, a pagar en efectivo.

Al igual que en La Fortuna, tienes muchas más cosas que hacer además de ver la cascada, como trekkings, ver el teñidero del río, disfrutar de puentes colgantes sobre aguas celestes… Es un sitio precioso y uno de los más especiales en los que hemos estado. Estuvimos unas cuatro horas recorriendo el parque y luego, volvimos al coche para irnos a la zona de Manuel Antonio.

Nos esperaban cuatro horitas de coche por carreteras lentas y sinuosas. Cuando llegamos, compramos algo en el supermercado y ya nos quedamos descansando hasta el día siguiente.

DÍA 6: Parque Nacional de Manuel Antonio

Empezamos el día muy temprano para visitar el Parque Nacional de Manuel Antonio con un guía que nos ayudará a avistar animales. ¡Qué nervios! La visita se puede hacer por tu cuenta, sin guía, pero no lo recomendamos porque por tu cuenta no verías más que alguna mariposa. ¡Es increíble la capacidad de los guías para avistar y encontrar a los animales incluso desde muy lejos!

Nuestro guía se llamaba Diego y es muy bueno. Por supuesto, es guía oficial del parque. Gracias a él pudimos ver un montón de animales: perezosos, iguanas, reptiles, monos, murciélagos… ¡Quedamos muy contentos! Es muy hábil y te explica todo muy bien, siempre busca el punto perfecto para el avistamiento. Si quieres que Diego te acompañe en tu visita, tenemos su contacto, pídenoslo y te lo pasamos.

Lo único malo de este parque nacional es que es el más pequeño de Costa Rica pero el más visitado, así que hay hordas de gente ya a las 7 de la mañana campando por ahí. La entrada cuesta 16 dólares (solo entrada, visita guiada a parte) y abre de 7:00 a 15:00, cierra los martes.

Cuando acabamos el recorrido, nuestro plan fue disfrutar de las playas que hay dentro del parque, mucho menos concurridas que las playas públicas. Disfrutamos la mañana en Espadilla sur y luego, salimos para comer algo (no dejan meter comida al parque).

Después de comer, volvimos al plan de playa. Esta vez, en Espadilla, gratuita y pública. Para aparcar el coche, tienes dos opciones: usar un aparcamiento privado o buscar un sitio gratis. Nosotros aparcamos el coche a un lado de la carretera, en una zona claramente gratuita, aunque cuando volvimos a recoger el coche después de la tarde en la playa, un señor quería hacernos pagar por habernos “vigilado” el coche”. No le pagamos, por supuesto. Esto es muy común, no piquéis, que es un timo.

En playa Espadilla vimos un atardecer de película y aprovechamos, por supuesto, para sacar alguna foto bonita. Luego, fuimos a cenar a un avión y… ¡sí, sí, a un avión! Es un restaurante muy peculiar, pero en nuestra opinión, quizás demasiado caro para la comida que sirven.

DÍA 7: Manuel Antonio – Bahía Drake

Llega uno de los platos fuertes del viaje: ¡Nos vamos a Bahía Drake! Esta pequeña localidad está situada en la Península de Osa y es una de las puertas de entrada al Parque Nacional de Corcovado, el más espectacular del país y según National Geographic, el lugar con más biodiversidad del planeta.

Para llegar a Bahía Drake, lo mejor es ir hasta Sierpe, dejar allí el coche y luego, coger una barca hasta Bahía Drake. El proceso es muy sencillo: cuando llegas con el coche, unos señores te toman la matrícula, te indican dónde aparcar y te dicen con qué capitán te toca embarcar. Nuestro capitán se llamaba Junior. El parking cuesta 6 dólares por noche y lo pagas al volver a recogerlo.

Nada más montarnos en la barca… ¡bum! Emerge un cocodrilo a menos de cinco metros. Un cocodrilo enorme, por cierto. Todos hicimos “hfhghdjhfhfdjd” y a los dos segundos, volvió a sumergirse. ¿Quién podría esperarse ver un pedazo de cocodrilo en el embarcadero? Eso era un preludio de todo lo que nos esperaba en Bahía Drake y en Corcovado.

Empezamos a navegar y el paisaje nos dejó sin aliento. Río, jungla, aves, manglar… Una hora de navegación remontando el río para finalmente salir a mar abierto y llegar a Bahía Drake.

El desembarco es directamente en la playa. Acercan la barca un poco a la orilla y te bajas, con cuidado. Cubre más o menos hasta la rodilla, así que lleva pantalones cortos y unas chanclas o directamente, descálzate (cuidado con las piedras).

Bahía Drake es un pueblecito pequeño y muy pintoresco, muy tranquilo, pues apenas hay turismo, y muy auténtico. Nos recibe una playa espectacular, de película, con palmeras y nácar por todos lados, un mar cálido y solo tres o cuatro personas paseando o tomando el sol.

Esta zona de Costa Rica está muy protegida y por suerte, no se ha masificado. Llega muy poco turismo y se mantiene salvaje, lo cual es perfecto para ver animales. De hecho, en el tiempo que estuvimos en la playa, vimos muchísimos guacamayos, iguanas, pelícanos, colibríes… El verdadero Jardín del Edén. El tema de los guacamayos y los colibríes nos tiene fascinados. Para nosotros, verlos así, en libertad, sin buscarlos… como en Europa ves palomas… es algo que nos alucina.

Después de disfrutar de un ratito de playa y de unos tacos sentados en la arena, pasamos la tarde descansando en las hamacas de nuestro bungalow, con vistas al mar.

Bahía Drake

DÍA 8 – Parque Nacional de Corcovado

¡Empieza lo fuerte! Son las 5:30 y ya estamos en la playa, listos para embarcar rumbo al Parque Nacional de Corcovado. Desde Bahía Drake se tarda aproximadamente una hora en barca por mar abierto. El embarque y desembarque, por supuesto, directamente al mar, así que de nuevo, lleva calzado de recambio o descálzate.

Solo 100 personas al día pueden visitar Corcovado, así que reserva tu visita con tiempo. Solamente puedes entrar con guía, es obligatorio. La entrada de un día con visita guiada en grupo cuesta 90 dólares por persona, y si quieres guía privado son 130 dólares por persona.

Nosotros decidimos que haríamos la visita con guía privado para disfrutar mejor la experiencia. Por supuesto, guía oficial. ¡Y qué suerte tuvimos con el guía que nos asignaron! Se llama Carlos Matarrita y es todo un experto. Los demás guías de hecho nos comentaban que qué suerte, porque es como una enciclopedia humana y es verdad. Sabe muchísimo y tiene una capacidad increíble para rastrear animales. Os recomendamos muchísimo contar con él para vuestra visita, es muy profesional y agradable, explica todo con mucho detalle y sobre todo: respeta y ama la naturaleza.

A los tres minutos de entrar, ya habíamos visto varios animales. Una especie de cerdo de monte, monos, muchas aves… ¡y una familia de perezosos! Alucinante, porque en Manuel Antonio solo vimos bolitas de pelo, ya que estaban agazapados. Aquí en Corcovado los vimos hasta casi posando para foto. Una mamá perezoso con su cría y papá perezoso. ¡Fue alucinante!

Después de deleitarnos con estos preciosos animales, Carlos nos llevó hasta una avioneta estrellada en medio de la jungla. Muy rollo “Lost”. Por suerte, nadie murió en ese accidente.

Y entonces, Carlos empezó con su rastreo olfativo de la estrella del parque: el Tapir. Un animal muy curioso, de la familia de los equinos, una especie de mezcla entre caballo e hipopótamo, muy curioso. Es la insignia del parque, el animal más mítico.

Carlos empezó a rastrearlo por el olor. Nos decía que si notábamos el olor a caballo. Yo lo notaba, pero no como para rastrearlo y encontrarlo. Me parece alucinante esa destreza que tiene.

En nuestro camino, fuimos viendo muchos más animales. Monos, aves, mariposas, pizotes, guacamayos, reptiles… Y todo mientras nos adentrábamos en la jungla, en el bosque primario, una zona que nunca ha sido modificada por el hombre en la historia del planeta, una zona que lleva milenios así. Alucinante.

Aprovechamos para descansar 20 minutos en la Estación de La Sirena, donde puedes quedarte a dormir si decides hacer el tour de una o dos noches. Es como un albergue.

Después de esta breve pausa, seguimos buscando el rastro del tapir. Carlos dice que el olor se intensifica, estamos cerca. De repente, vemos que acelera el ritmo, nos dice que no hagamos ruido y enfila directo por entre los árboles. Después de dos minutos… ¡ahí estaba el tapir! Dándose un bañito de barro, tan tranquilo.

Es un animal muy curioso, de verdad, único en el mundo. Lo avistamos a una distancia prudencial, sin molestarlo. ¡Misión cumplida! Y ya fue lo último que pudimos avistar. Las cuatro o cinco horas se pasaron volando, vimos muchísima fauna, muchísima flora. Corcovado sin duda nos robó el corazón… y nosotros debimos de gustarle también, porque nos tenía preparada una última sorpresa.

Embarcamos de nuevo descalzos, para poner rumbo a Bahía Drake. El avistamiento de fauna se había acabado, o eso creíamos… De repente, en la lejanía, vemos saltar una ballena fuera del agua. ¡Y otra! Entonces, Carlos le pidió al capitán de la lancha que si nos podríamos acercar para verlas. Eran ballenas jorobadas, muy difíciles de avistar, muchas agencias turísticas hacen salidas en su búsqueda, ¡y nosotros las teníamos a 100 metros! Así que para allá que fuimos. Nos colocamos a una distancia prudencial y las ballenas nos dieron un espectáculo maravilloso. Colas para arriba y para abajo, chorros de agua… ¡Increíble! Esto solo puede pasar en Corcovado.

También pasamos cerca del buque de investigación de National Geographic.

Una vez desembarcamos, fuimos a nuestro bungalow y pasamos toda la tarde relajándonos y asimilando todo lo que habíamos visto, rodeados de colibríes, pelícanos y guacamayos.

Día 9: Trekking a la playa de San Josecito

Cuando buscamos información sobre Bahía Drake y Corcovado, todo el mundo recomendaba hacer el trekking que une Bahía Drake con la playa de San Josecito por la costa. Puedes hacerlo por tu cuenta y la verdad es que es toda una experiencia. Tienes la oportunidad de adentrarte en la naturaleza por tu cuenta pero de forma relativamente segura, y eso teníamos que probarlo.

El sendero no está demasiado bien indicado más allá de cuatro o cinco señales por todo el camino, que discurre entre selva y playas. Tuvimos suerte y nos encontramos unos guías gratuitos, tres perros que nos acompañaron todo el día y nos fueron guiando en los cruces y en las zonas más complicadas.

Se tarda unas tres horas ida y tres horas vuelta y recomendamos llevar agua abundante y comida, ya que la humedad y el calor hacen mella. Por el camino irás viendo unas calas y unas playas de película y si estás atento, puedes ver también fauna como monos, guacamayos, iguanas y hasta serpientes.

Hay que cruzar un río ya casi al final. Nosotros tuvimos la suerte de que nos coincidió marea baja y pudimos hacerlo a pie sin problema, mojándonos solo hasta medio muslo. Sin embargo, si la marea está alta toca nadar o pedirle a un señor que hay allí que te cruce en barca por 3 dólares.

Ya reventados del calor y la caminata, llegamos a San Josecito y nos instalamos en una calita cercana en la que estuvimos los cinco solos. Y digo cinco porque los tres perros seguían con nosotros. Comimos, sacamos unas fotos, dormimos siesta y fuimos a ver si alguien nos rescataba, literalmente. Ya no teníamos agua y no veíamos factible volver a pie, así que hablamos con un señor que tenía una barca y nos llevó de vuelta a Bahía Drake en un pispás por un precio que acordamos.

Tened en cuenta que podéis hacer la ida a pie y la vuelta en barca, pero las barcas se van de San Josecito sobre las 12:30, como tarde las 14:00.

Pasamos la tarde echados en la playa de Bahía Drake, disfrutando de un día maravilloso.

Día 10: Bahía Drake – Alto Luciérnaga

Con toda la pena del mundo por irnos del paraíso, abandonamos Bahía Drake sabiendo que jamás olvidaríamos esos preciosos lugares y todo lo que allí vimos y vivimos. Tomamos la barca que nos llevaba de nuevo hasta Sierpe para recuperar el coche y poner rumbo a la costa caribeña. Nuestro siguiente destino era Puerto Viejo de Talamanca, en el Caribe Sur.

Sin embargo, era demasiada distancia para recorrer en un solo día, así que hicimos noche de camino, en una cabaña en lo alto de una montaña.

Día 11: Alto Luciérnaga – Puerto Viejo

Tras recorrer las dos horas de camino que nos faltaban para llegar a nuestro destino, Puerto Viejo de Talamanca, nuestro plan era disfrutar de un día de playa y relajarnos en nuestro hotel.

Sin embargo, el destino nos tenía preparado otro plan. A mí me dolía mucho la cabeza, tenía una migraña horrible y lo pasé mal durante el viaje. Para colmo, cuando llegamos a Puerto Viejo descubrimos que el hotel que teníamos reservado era un timo, así que tuvimos que reclamar el dinero y buscar otro sobre la marcha.

La jugada nos salió bien, porque encontramos un resort precioso con buena ubicación. Pero claro, con la tensión y las discusiones, la migraña fue a más y ese día solo pude estar tumbada y dormir…

Día 12: Entramos al territorio indígena Bribri

Además de Corcovado, el otro plato fuerte de nuestro viaje era poder conocer a una familia indígena Bribri y compartir con ellos un día precioso. Y va a dar igual lo bien que os lo describa, porque mis palabras no harán justicia a la belleza que vivimos ese día.

Pudimos hacerlo gracias a Yuni de Duriwak y a Dani de Ditsowo u. Son dos chicos bribri que dirigen proyectos culturales indígenas y que hacen un gran trabajo. Yuni nos lo gestionó todo, quedamos con él por la mañana y nos guió hasta el territorio bribri. Allí nos recibió Dani, nos enseñó dónde nos quedaríamos a dormir y pusimos rumbo al río para coger una canoa e ir a visitar a su familia.

Remontando el río en canoa, llegamos al poblado. Lo primero que hicimos fue entrar a una edificación sagrada en la que Dani nos explicó el origen del universo según su cultura, las creencias bribris, algunos rituales… Y hablamos un poco de la forma de ver la vida que tienen allí. Nos quedamos maravillados con todo lo que nos contó, es muy interesante. Todo esto os lo contaremos en otro artículo dedicado exclusivamente a la cultura bribri, para no extendernos en el diario.

Luego, entramos a casa de su abuela, la matriarca del clan. Los bribris se organizan en clanes matriarcales y la mujer tiene mucha importancia en su cultura. De hecho, en la antigüedad, solo las mujeres y los líderes espirituales podían tomar cacao, que se consideraba una bebida sagrada.

Estuvimos compartiendo un tiempo precioso con la familia de Dani, hablando con ellos, con su abuela… Incluso pudimos escuchar cómo suena el idioma bribri, ya que tienen lengua propia. Nos contaron que gramaticalmente, sería parecido al inglés, pero claro, no comparten raíz y es muy bonito de escuchar.

Además, nos invitaron a almorzar y tomamos arroz con frijoles y carne, banano frito y cacao, ¡una delicia! Estaba muy sabroso y todo era totalmente orgánico y natural.

Después de seguir charlando un buen rato con los bribri, volvimos al río para ir al siguiente punto, un huerto ecológico que también llevan ellos. Allí Dani nos enseñó varias plantas, entre ellas, el fruto del cacao.

Luego, descansamos una horita y nos fuimos a bañar al río, ¡qué fresquita estaba el agua en comparación con el mar! Estuvimos compartiendo un rato agradable con Yuni y con otras dos chicas que conocimos allí y disfrutando de la naturaleza pura.

Después de ducharnos y cambiamos, llegó la hora de cenar. Dani había asado un cerdo y preparó una cena deliciosa. Pero sin duda, lo mejor fue la conversación que se creó después de cenar, todos compartiendo experiencias, visión de futuro, anécdotas… ¡Cómo echábamos de menos poder intercambiar conocimientos con gente de otros países y de otras culturas!

Nos fuimos a dormir con el corazón calentito y la mente agradecida por todo lo que estábamos viviendo. Al día siguiente tocaba madrugar para poner rumbo a nuestro destino final: Tortuguero.

Día 13: Territorio Bribri – Tortuguero

Nos despedimos con pena de Dani, de Yuni y de toda la gente que allí habíamos conocido sabiendo que los llevaríamos para siempre en nuestros corazones y muy agradecidos por todo lo que habíamos aprendido, visto y vivido. Sin duda, esta experiencia nos ha enriquecido como personas.

Pusimos rumbo a Tortuguero, en el Caribe Norte, una zona a la que solo se accede en barca. Dejamos el coche en el parking del embarcadero de La Pavona por 10 dólares la noche y cogimos la barca para remontar el río.

De nuevo, al llegar al aparcamiento, te recibe alguien y te dice en qué barca has de subirte. Esta vez, durante el trayecto no vimos cocodrilos, pero sí dos caimanes de lejos, iguanas y muchas aves.

La barca nos dejó directamente en nuestro resort, el Mawamba Lodge, un paraíso dentro del paraíso.  Tiene embarcadero propio y está perfectamente integrado en la naturaleza, cuenta con bungalows perfectamente acondicionados con todas las comodidades, piscina, restaurante y bar.

Está justo al lado de la playa, pero no puedes bañarte porque hay tiburones, barracudas y mucho oleaje. Mejor la piscina. Llegamos directamente para comer y después de explorar el hotel, fuimos a descansar. El día siguiente tocaba madrugar.

Día 14: Canales del Parque Nacional de Tortuguero y Mawamba Lodge

Nos levantamos bien temprano para hacer una excursión en barquita de remo por los canales del Parque Nacional de Tortuguero y poder avistar caimanes, tortugas y otra fauna salvaje.

Por supuesto, con un guía oficial, que se llamaba Antonio. Lo contratamos a través de la Asociación Oficial de Guías de Tortuguero y fue y un acierto. Puede que otras agencias os ofrezcan lo mismo más barato, pero hay trampa: iréis en barca motora en grupo, con lo cual, ni veréis tantos animales (se asustan mucho con los motores) ni os podréis acercar tanto. Además, las lanchas motoras son perjudiciales para el ecosistema y el medio ambiente y, de hecho, hay canales donde no pueden entrar, solo pueden pasar barcas a remo.

Con lo cual, os recomendamos contratar la misma excursión que nosotros no solo para poder ver más y mejor la fauna, sino para no contribuir a destrozar el medio. Os podemos pasar el contacto de la chica que lo gestiona.

Antonio es muy buen guía, tiene muchos años de experiencia y es como una enciclopedia. Sabe muchísimo, incluso el peso medio de cada especie, de dónde a dónde migra cada ave, cuántos especímenes hay… ¡Lo sabe todo! Quedamos muy contentos con sus explicaciones. En las dos horas y media que estuvimos navegando vimos muchísimos caimanes. ¡Y muy cerca! Si estirábamos la mano, podíamos tocarlos (no recomendable, por supuesto). Vimos también tortugas, muchas aves, muchos reptiles… ¡Un paraíso!

Después, dimos una vuelta por el pueblo de Tortuguero para conocer sus vibrantes calles y luego, volvimos al Mawamba Lodge para sacar fotos y relajarnos en la piscina. ¡Se acaba nuestro viaje!

Pusimos punto y final a un maravilloso viaje con una cena perfecta en el restaurante del hotel. Todo el personal es muy atento y sin duda os lo recomendamos para la zona de Tortuguero.

Día 14: Tortuguero – San José – España

Toca vuelta a España… Cogimos la barca de Tortuguero a La Pavona, el coche de La Pavona al aeropuerto y de allí… El avión de San José a Madrid. Y otro de Madrid a Asturias.

Nuestro viaje terminaba y nosotros todavía estábamos asimilando todo lo que vivimos, lo que vimos y las experiencias tan enriquecedoras de un país que podría ser perfectamente el Jardín del Edén. Vimos animales exóticos en libertad que viven felices y protegidos, vimos muchas plantas preciosas, flores tropicales, playas de arena blanca, calas salvajes… Y conocimos gente que nos llevamos para toda la vida.

Y recuerda que también tenemos una guía con muchos consejos para visitar Costa Rica. Puedes leerla en este enlace.

¡Pura vida!

América

Qué ver en Costa Rica: Consejos e itinerario

Escrita por: Nadia

Costa Rica, siendo un país pequeñito, alberga el 4 % de la biodiversidad de todo el planeta Tierra y eso es muy, muy especial. Volcanes de película, selva salvaje, playas paradisíacas, jaguares, perezosos… ¡Y pura vida! Si algún día existió el Jardín del Edén, sin duda se encontraba en Costa Rica. ¿Estás preparando un viaje a Costa Rica? ¡Pues sigue leyendo! Te damos consejos para que tu viaje sea perfecto y te detallamos los hoteles en los que nos quedamos, además de proporcionarte nuestro itinerario para 14 días. ¡Pura vida!

CONSEJOS GENERALES:

MEJOR ÉPOCA PARA IR

Costa Rica tiene dos estaciones, la húmeda y la seca. La húmeda va de mayo a septiembre y es muy probable que si visitas el país en estos meses pases unas vacaciones pasaditas por agua. Sin embargo, no son lluvias torrenciales y puedes disfrutar de tu viaje sin problema, simplemente, tenlo en cuenta.

La estación seca va de septiembre a abril y es la mejor época para viajar al país de la pura vida. Disfrutarás de un sol radiante y unas temperaturas perfectas para descubrir todo lo que Costa Rica tiene que ofrecer.

¿QUÉ SE NECESITA PARA ENTRAR?

En primer lugar, por supuesto, el pasaporte en vigor. Para países endémicos de fiebre amarilla también es obligatorio tener la cartilla de vacunación en regla.

En cuanto a la Covid-19, nosotros pudimos entrar sin problema con el Certificado de Vacunación Europeo y el Pase de Salud de Costa Rica. Para obtener este pase, simplemente rellenas un formulario y te genera un código QR que tienes que enseñar en el aeropuerto.

¿COSTA RICA ES PELIGROSO?

No, en absoluto. Es un país muy seguro incluso para personas que viajen solas o para viajar con niños. En ningún momento tuvimos sensación de peligro y en general, los ticos (costarricenses) son muy agradables, amables y simpáticos, siempre dispuestos a ayudarte y siempre con una sonrisa en la cara.

¿COSTA RICA ES CARO?

Sí, precisamente por ser un país seguro, ya que como nos dijeron algunos ticos, la paz es cara. No es prohibitivo, pero sí debes tener en cuenta que los precios de algunos servicios, como entradas a parques naturales o alquiler de coche son muy elevados.

¿HAY VUELO DIRECTO DESDE ESPAÑA?

Sí, nosotros viajamos directos desde Madrid a San José con la compañía Iberojet. Nos salió por unos 400 € ida y vuelta por persona. Ten en cuenta que para volver a España desde Costa Rica has de pagar un impuesto en aduanas de 29 dólares en el aeropuerto. Sin embargo, algunas aerolíneas, como Iberojet, ya incluyen ese impuesto en los billetes, así que compruébalo con tu aerolínea.

COCHE DE ALQUILER

Si vas a recorrerte el país, es conveniente que alquiles un coche. A poder ser, un todoterreno, o como mínimo, un SUV. Las carreteras en Costa Rica a veces son complicadas, llenas de baches. No hay autopistas y según la zona, puede que tengas que meterte por caminos sin asfaltar, así que mejor un coche alto. ¿El problema? El precio. Por 14 días un SUV cuesta unos 800€ (con los seguros obligatorios y todo) y los todoterrenos de 1000€ para arriba. El coche de alquiler es donde más pasta te vas a dejar de todo el viaje. Pero no te lleves un susto por ahorrar y coge uno bueno.

CONEXIÓN MÓVIL

Nosotros utilizamos tarjetas SIM y E-Sim de Holafly y quedamos muy contentos. Son muy fáciles de utilizar y funcionan bien. Sin embargo, ten en cuenta que si te metes en la selva habrá zonas en las que no haya ni 4G ni cobertura en general, ¡es normal! Puedes conseguir las tarjetas SIM de Holafly con descuento en este enlace.

CAMBIO DE MONEDA

¿Es mejor llevar todo el dinero en colones o mitad en dólares y mitad en colones? Pues aunque en Costa Rica muchas veces te piden que pagues en dólares, llévalo todo en colones, ya que obviamente te los aceptan y al cambio ahorras MUCHO dinero. Eso sí, en los parques nacionales te piden pagar con tarjeta y el pago sí se hace en dólares en ese caso, pero solamente de forma excepcional para la entradas. Y como es con tarjeta, no hace falta que lleves dólares cambiados.

Para cambiar de euro a colón, nosotros utilizamos el servicio de Ria. Es muy cómodo, haces una transferencia y en dos días recibes el dinero cambiado en casa. Puedes conseguir un descuento en el servicio desde este enlace, y un descuento adicional en el tipo de cambio si introduces además el código STORMTRO.

SEGURO DE VIAJE

Es muy importante viajar asegurado, y más ahora mismo con la pandemia todavía haciendo estragos. Por eso, te recomendamos dos aseguradoras top que para nosotros son las mejores del mercado ahora mismo, Iati y Mondo. Por ser lector de nuestro blog, te dejamos un descuento en cada aseguradora para que viajes tranquilo. El descuento se aplica automáticamente al reservar desde estos enlaces:

¿QUÉ VER?

Hay mucho que ver, muchísimo, y dependiendo de si te llama más la naturaleza o si buscas más relax, elegirás una cosa u otra. Nosotros somos aventureros, así que elegimos un itinerario cañero. Te vamos a detallar aquí las cosas que nos dio tiempo a ver en 14 días, por orden. Si quieres verlo en detalle, no te pierdas nuestro diario de viaje completo pulsando aquí.

La Fortuna:

  • Catarata La Fortuna: Abre de 7:00 a 17:00, última entrada a las 16:00. Precio: 18 dólares por persona, solo pago con tarjeta.
  • Parque Nacional del Volcán Arenal: Abre de 8:00 a 16:00, última entrada a las 14:00. Precio: 15 dólares por persona, solo pago con tarjeta
  • Termales Chollín (gratuitas)
  • Mistico Park: Abre de 6:00 a 16:30, última entrada a las 15:30. Precio: 27 dólares

Guanacaste y Alajuela

  • Parque Nacional del Volcán Tenorio y Río Celeste: De 8:00 a 16:00, última entrada a las 14:00. Precio: 12 dólares por persona, solo con tarjeta. Parking de pago, 3000 colones, solo pago en efectivo

Manuel Antonio

  • Parque Nacional de Manuel Antonio y sus playas: Abre de 7:00 a 15:00, los martes cierra. Precio: 16 dólares (solo entrada, visita guiada se paga a parte)
  • Playa Espadilla

Península de Osa

  • Bahía Drake
  • Parque Nacional de Corcovado (entrada por La Sirena): Entrada 16,95 dólares, obligatorio llevar guía.
  • Trekking a San Josecito

Caribe Sur

  • Limón
  • Puerto Viejo de Salamanca
  • Territorio Bribri
  • Playa Arrecife y Playa Punta Uva

Caribe Norte

  • Parque Nacional de Tortuguero: Abre de 6:00 a 12:00 y de 13:00 a 16:00. Precio de 16,95, visita guiada aparte.

¿DÓNDE ALOJARSE?

En Costa Rica hay una amplia variedad de alojamientos, pero nosotros te recomendamos los que conocemos. En todos hemos estado muy a gusto y estamos seguros de que a ti también te gustarán:

Esperamos que toda esta información te sea útil para planear tu viaje y que disfrutes tanto como lo hicimos nosotros. Recuerda que si quieres más información sobre el itinerario, las cosas que ver y muchos consejos más, tienes disponible nuestro diario de viaje pulsando aquí. En él podrás conocer de primera mano toda la información y obtener el contacto de nuestros guías para cada localización.

¡Pura vida!

Europa

Guía de Oporto: consejos y secretos

Escrita por: Rodri

Todo el que me conoce sabe que, si tengo que elegir, prefiero la naturaleza antes que las ciudades. Sin embargo, Oporto es uno de esos extraños casos de ciudades en las que ya no solo no me importa repetir visita, sino que incluso me plantearía vivir allí en algún momento. Sus calles, su gente, su ambiente, sus costumbres e incluso su idioma, tan parecido al nuestro… al final todo junto crea el cóctel perfecto que te hace sentir como en tu propia casa. Si estás planteándote ir a Oporto (cosa que recomendamos al 200%), vamos a comentarte qué tiene de especial y qué no te puedes perder, consejos, mejores horas para visitar cada cosa, dónde comer, dónde alojarte… ¿Te apuntas?

Sigue leyendo «Guía de Oporto: consejos y secretos»

África

Guía de viaje a Egipto: Presupuesto, itinerario y consejos

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Escrita por: Nadia

Llevábamos años soñando con ir a Egipto. De hecho, estuvimos a punto de ir en 2013, pero unos días antes de volar, estalló el conflicto civil en el país y decidimos dejar el viaje para más adelante. A partir de 2018, os vimos a muchos de vosotros cumpliendo el sueño de viajar a la tierra de los faraones y nos lanzamos a ello nosotros también. Así es como preparamos nosotros el viaje. Te vamos a dar consejos y trucos para que tu viaje sea tan especial como lo fue el nuestro, responderemos a todas las dudas que se pueden plantear al preparar un viaje así y al final, te detallaremos nuestro presupuesto completo. ¡Vamos allá!

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Asia

Consejos para el trekking al Campo Base del Everest

Escrita por: Nadia

Dejarse llevar por la brisa fresca del Himalaya, el sonido de las voces de los monjes en los templos budistas, las espectaculares vistas a varias de las montañas más altas del mundo y un sueño: el Everest. Si se te pone la piel de gallina es porque sabes que pronto vas a sentir lo mismo que sentimos nosotros al recorrer los caminos centenarios que te llevan hasta los pies de la montaña más alta del mundo rodeados por poblados sherpas, ríos y cumbres alucinantes. En esta entrada te damos varios consejos para que tu expedición hasta el Campo Base del Everest sea un éxito.

Vamos a darte dos tipos de consejos: los básicos y los avanzados. Los básicos son los que leerás en casi todas las guías de viaje y los avanzados son los que hemos adquirido nosotros gracias a nuestra experiencia en primera persona. ¡Empezamos!

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Asia

Consejos generales para viajar a Nepal

Escrita por: Nadia

Nepal es un país lleno de vida, de cultura y de historia. Su arquitectura es digna de mención y su gente amable y sociable. En esta entrada te vamos a dar consejos generales para visitar el país y consejos específicos para la zona del Valle de Katmandú. Tenemos también esta otra entrada con consejos detallados para tu expedición al Campo Base del Everest. Lo hemos hecho así para centrarnos bien en cada parte del viaje. ¡Vamos con los consejos generales para Nepal!

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Europa, Uncategorized

Azores: dentro del cráter de un volcán

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Escrita por: Rodri

Suena raro, lo sé, pero la verdad es que llegamos a las Azores de casualidad, sin planearlo. Íbamos a otro sitio, no volábamos en esa dirección, ni siquiera pretendíamos llegar al mismo continente… pero aterrizamos en la isla de Terceira y caímos rendidos a sus encantos. ¿Quieres saber qué pasó?

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Tips

Gana dinero viajando

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Escrita por: Nadia

Lo primero que quiero comentar es que en esta entrada no te vamos a engañar. No te vamos a decir que cualquiera puede hacer cualquier cosa, que si te pones ahora mismo a escribir vas a ganar muchísimo dinero con tus novelas y que podrás viajar por todo el mundo saltando de hotelazo en hotelazo, que todo es chupi y que es muy fácil ganarse la vida viajando y ser nómada digital. Si eso es lo que esperas de esta entrada, deja de leer.

Lo que te vamos a contar es cómo nos las apañamos nosotros para ganar dinero a la vez que viajamos, para compaginar nuestros trabajos con nuestras ganas de explorar el mundo y para poder permitirnos irnos juntos a descubrir otros países sin acabar viviendo debajo de un puente.

Te hemos preparado una lista REAL con trabajos, profesiones y actividades que te permitirán vivir dignamente mientras recorres el mundo, pero por favor, ten en cuenta que esta lista solo es válida si cuentas con formación o algún tipo de preparación, ya que ganarse la vida con cualquier profesión cuesta mucho y no se debe menospreciar el esfuerzo de las personas que se preparan para ello. Esto lo digo porque ya he visto muchos blogs que dicen: «hazte traductor y gana un dinero extra», o «gana dinero fácil escribiendo tu novela». Que no os engañen, no es tan simple.

Ahora bien, si cuentas con preparación en alguno de los trabajos que te proponemos a continuación, puede que lo acabes consiguiendo, ¡inténtalo! Allá vamos:

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